- Seis hombres armados y con sus rostros cubiertos, torturaron a una familia
Elízabeth Romero
Agazapado tras un muro de su vivienda y apoyado apenas en la claridad de una pálida Luna, Francisco Teófilo Jácamo Hernández permanecía vigilante a cualquier movimiento sospechoso. Mientras su familia dormía, él permanecía despierto.
El terror a que durante una hora estuvo sometida su familia a finales de marzo, lo mantiene alerta. Pese a su antigua preparación como militar, Jácamo no pudo impedir que hombres armados, con los rostros cubiertos, torturaran a sus seres queridos en el interior de su propia vivienda.
Casi en susurro relató la experiencia que vivió toda su familia. “Usted viera lo que nos hicieron esos malditos”, rememora Jácamo en medio de la oscuridad, desde el rincón en la entrada de la casa donde permanece vigilante; sus palabras denotan la amargura por el daño causado.
Eran seis hombres con pasamontañas y vestidos de negro, que fácilmente eran confundidos entre la oscuridad de la noche.
El afectado estima que los delincuentes penetraron por la puerta principal de su casa, después de forzarla. Al incursionar en la vivienda, el propietario del inmueble descansaba en una hamaca, donde “me encañonaron”.
DELINCUENTES SAQUEARON HUMILDE VIVIENDA
“Si hacía algún mate, me mataban o mataban a mi familia”, recordó el vecino.
Los desconocidos saquearon la humilde casa, se llevaron desde televisor, la ropa, zapatos hasta el tanque de gas licuado, pero no se llevaron la cocina, no pudieron sacarla.
En su triste relato, a veces apagado por los ladridos de los perros que en la oscuridad de la noche están a la caza de alguna presa, señaló los momentos de tensión vividos por su familia.
Mientras a él lo mantenían tirado boca abajo en el suelo, a sus hijos y esposa los golpearon y amarraron.
El maltrato físico estuvo acompañado por las agresiones verbales y psicológicas a su niña mayor, por parte de los desconocidos. “Me le decían un poco de vulgaridades” y me la amenazaban con “pegarle un balazo”.
Han pasado varios días de la incursión del grupo de delincuentes, pero aún las palabras de Jácamo transmiten la impotencia vivida en ese momento.
“Esos malditos”, dice rumiando su cólera al tiempo que rememora las amenazas que hacían: “Chavala hija de p…, si no te calmás voy a matar a la vieja o al viejo… sólo así nos trataban”.
NO QUERíAN QUE LOS VECINOS SE DESPERTARAN
“A mí me ponían los pies en la cabeza, si yo me movía, me golpeaban y a mi señora le ponían el cuchillo, no querían que los vecinos se despertaran. Me sentí impotente… como ellos me encañonan yo no hago nada”, recuerda.
Y agrega: “Si hacía mate, me decían que mataban a uno de mis chavalitos”.
Después de 15 días de lo ocurrido, Jácamo piensa en que si al menos hubiese tenido en su poder un arma blanca, habría hecho resistencia a los delincuentes.
Se presume que ese mismo grupo delictivo había incursionado días antes en otra casa del vecindario y por su agresividad los vecinos estiman que se trata de una banda delictiva organizada.
Una vez vaciada la casa, desahogado su odio y violencia en contra de los moradores del lugar, los hombres huyeron. Jácamo presume que se movilizaban en algún vehículo.
NIÑOS SUFREN TRAUMA
Han transcurrido varios días de ocurrido el asalto a su vivienda, pero los hijos menores de Jácamo aún sufren el trauma de la experiencia sufrida.
“Se levantan a la medianoche, llorando, y dicen: ‘ahí vienen los hombres de las máscaras’. No pueden dormir, a veces se levantan en carrera y andan llorando”.
Jácamo presentó una denuncia por el robo con intimidación y amenazas de muerte que sufrió toda la familia, pese a que por sus creencias religiosas pretendían dejar la justicia en manos del Señor.
“A nosotros el Señor nos protegió que no nos mataran, porque estaban dispuestos a matarnos”.
De su caso no hay respuesta todavía por parte de la Policía del Distrito Tres, el hombre aún mantiene esperanza en el castigo divino, “que yo sé, va a caer sobre ellos”.
Y aunque con ayuda de los vecinos posteriormente fue detenido un sospechoso de integrar el grupo de asaltantes, desconoce los avances de las investigaciones.