Irene Esquivel, actualmente deambula en el parque de Jinotepe sumida en la locura y sin atención médica adecuada.

Locura envuelve a familia en Jinotepe

Recientemente falleció la más anciana por hambre y abandono Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ CARAZO Irene Esquivel Noguera es una mujer joven, pero envejecida por la desnutrición, el hambre y la locura, males que la mantienen sumida en una deplorable situación. Su otra hermana, Luisa, hasta hace pocos años gozaba de una mente lúcida. La madre de […]

  • Recientemente falleció la más anciana por hambre y abandono

Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ CARAZO

Irene Esquivel Noguera es una mujer joven, pero envejecida por la desnutrición, el hambre y la locura, males que la mantienen sumida en una deplorable situación. Su otra hermana, Luisa, hasta hace pocos años gozaba de una mente lúcida.

La madre de ambas, Victoria Noguera Moreno, falleció hace una semana, vencida por la inmensa pobreza que envuelve a esta familia y que la ha llevado hasta la demencia.

En Jinotepe se conoce el drama de estas mujeres. Pese a los esfuerzos y la ayuda de algunas personas altruistas, la locura sigue haciendo estragos en sus mentes por falta de atención médica especializada y ahora el cuadro es más dramático.

UN HOMBRE Y EL MAPACHÍN

Ellas habitan del Palí tres cuadras al sur, pero la mayor parte del tiempo la pasan en los parques, en la Parroquia Santiago y en las calles. Según una entrevista que LA PRENSA le hizo a la señora Victoria Noguera (q.e.p.d), hace cinco años, ellas llegaron hace muchos años a Jinotepe procedentes de Jinotega y en ese tiempo tenían buena situación económica.

En esa ocasión comentó Noguera que compraron su propia casa a una señora de apellido Poveda en donde instalaron una miscelánea, pero se fueron quedando sin nada luego que “un hombre le dio mapachín a su hija Irene”.

Los hijos pequeños de Irene y también de su hermana Luisa fueron ingresados en orfanatos para rescatarlos de la demencia de sus madres.

Doña Victoria, quien tenía aproximadamente 79 años, desde hacía unos tres años pedía limosna en las calles de la ciudad para sobrevivir, después de haberse desempeñado como maestra rural durante 15 años. Laboró en El Tuma, Wiwilí y otras comunidades de Jinotega.

MURIÓ DE HAMBRE Y RECHAZADA

Esperanza Hernández, encargada de Trabajo Social del Hospital Regional Santiago, de Jinotepe, dijo que le habían dado de alta a la anciana en sala de emergencia, donde había sido ingresada por un familiar.

Explicó que sus condiciones eran más de necesidad que otra cosa, lo que justifica la deshidratación y desnutrición que presentaba. Hernández dijo que trató de hacer enlace con el hogar de ancianos de la localidad, pero le dijeron que por su estado mental no era posible ingresarla, por lo que fue devuelta a su casa, donde luego falleció.

Levy Esquivel Noguera, de 19 años, nieto de doña Victoria, comentó que ella presentaba deshidratación y desnutrición severa cuando murió. El joven que habita en la misma casa, ahora con esposa y dos niñas, dijo que él no podía mantener a su abuela porque gana muy poco y en el caso de su mamá y su tía tampoco puede hacer frente al problema.

Para los gastos del velorio de la infortunada anciana el barrio colaboró con dinero, pan, café y otros alimentos, mientras la caja y el terreno en el cementerio municipal fueron asumidos por la Alcaldía, pero ahora preocupa la suerte que correrán Irene y Luisa.

PROBLEMA SOCIAL

Santiago Guevara, vecino de Irene y Luisa Esquivel, se mostró preocupado por la situación que viven las dos hermanas, agravada por la reciente muerte de su anciana madre, Victoria Noguera.

Guevara hizo un llamado a las entidades de Gobierno para que atiendan el caso de estas dos mujeres, al igual que el de todas las personas con problemas de salud mental y que deambulan por la ciudad.

La doctora Jossy Cerda, responsable de Salud Mental del Sistema Local de Atención Integral en Salud en Carazo, dijo que éste es un problema social que involucra a diversas instituciones para su solución.

Consideró necesaria la coordinación con las alcaldías y otras entidades para tratar de forma integral el caso de todos los dementes que deambulan por las calles.

Explicó que Carazo sólo cuenta con dos médicos psiquiátricos y dos trabajadoras sociales, y pocos recursos para atender problemas de salud mental.

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