Alberto L. Alemán yAgencias
Cuando los lectores de LA PRENSA lean la presente edición, habrán concluido ya las ceremonias oficiales del entierro del Papa Juan Pablo II, en el Vaticano.
La misa oficial debía comenzar a las 10:00 a.m., hora italiana, o sea a las dos de la madrugada en Nicaragua.
Fue programada para durar tres horas y debía oficiarla el cardenal alemán Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y decano del Colegio Cardenalicio.
Participarían unos 200 dignatarios y personalidades mundiales. Entre los asistentes están el presidente Enrique Bolaños y los restantes presidentes de Centroamérica —excepto el salvadoreño Tony Saca.
Asimismo, el estadounidense George W. Bush, el francés Jacques Chirac, el canciller alemán Gerhard Schroeder, el premier británico Tony Blair, el Secretario General de la ONU, Kofi Annan; el rey Juan Carlos I de España, y muchos otros.
Roma calculó la presencia en la ciudad de entre tres a cuatro millones de peregrinos (la cifra de habitantes propios es aproximadamente la misma) venidos de todas partes del mundo, en particular más de un millón de visitantes de Polonia, el país natal del fallecido Sumo Pontífice, a quien el cardenal Ángelo Sodano, secretario de Estado vaticano, llamó “Juan Pablo II el Grande”, un título concedido solamente a dos Papas en la historia. El último de ellos vivió hace 14 siglos. Ambos son santos.
Las autoridades italianas pusieron en marcha “un dispositivo de seguridad sin precedentes” para el funeral más multitudinario de la historia, que movilizará a unas 40,000 personas entre agentes de los servicios de seguridad del Estado (incluidos 1,000 francotiradores), voluntarios de Protección Civil y empleados municipales.
El espacio aéreo romano y el segundo aeropuerto de la ciudad, Ciampino, fueron cerrados el jueves y se ha prohibido el tráfico de automóviles en el casco urbano hasta después de las exequias, debido a la avalancha humana que casi ha duplicado la población de la ciudad.
“Es como si Roma hubiera recibido a otra Roma”, declaró el Alcalde, cuyos servicios han recogido ya 30 toneladas de desperdicios de las calles en lo que va de semana.
El primer funeral de un Papa en más de 26 años, será como su pontificado: mediático y multitudinario.
Los portones de la Basílica vaticana quedaron cerrados ayer poco después de las 22:00 locales (dos de la tarde en Managua), poniendo fin a tres días de una avalancha humana que esperó hasta 20 horas en fila para visitar la capilla ardiente del Papa más mediático y viajero de todos los tiempos, fallecido el pasado sábado a los 84 años. El 18 de mayo hubiese cumplido 85.
“Hemos superado los dos millones de peregrinos”, declaró Guido Bertolaso, comisario especial para la organización de las exequias, estimando que entre 500,000 y 600,000 personas iban a llegar todavía en las próximas horas a la Ciudad Eterna.
MILLONES VERÁN FUNERAL POR TELEVISIÓN
Millones de personas en todo el mundo podían haber sido testigos a través de la televisión de esta misa presidida por el cardenal alemán Ratzinger y concelebrada por los cardenales.
Juan Pablo II debía ser sepultado en tierra bajo una sencilla lápida de mármol blanco en la cripta de la Basílica de San Pedro, en el lugar que ocupó Juan XXIII hasta poco después de su beatificación en 2000.
Una vez concluido el funeral, los peregrinos abandonarán la ciudad y la atención se centrará en la sucesión de Juan Pablo II —al que muchos veneran ya como a un santo—, la que se dirimirá en el Cónclave de cardenales cuyo inicio está previsto el 18 de abril.