El 1 de diciembre de 1989, el máximo líder soviético, Mijail Gorbachov, visita al Papa Juan Pablo II en el Vaticano. Fue la primera entrevista de un dirigente de la URSS con un Sumo Pontífice.

“Fue un crítico sincero y coherente”

Mijail Gorbachov, el padre de la perestroika soviética, asegura que la crítica de Juan Pablo II fue consecuente, porque concernió tanto al comunismo como al capitalismo y le califica de “realista” por su insistente denuncia de la injusticia social en el Tercer Mundo Giulietto Chiesa La Stampa ROMA.- Juan Pablo II entró en la historia, […]

  • Mijail Gorbachov, el padre de la perestroika soviética, asegura que la crítica de Juan Pablo II fue consecuente, porque concernió tanto al comunismo como al capitalismo y le califica de “realista” por su insistente denuncia de la injusticia social en el Tercer Mundo

Giulietto Chiesa La Stampa

ROMA.- Juan Pablo II entró en la historia, al menos por lo que se refiere a los medios de comunicación, como el demoledor del sistema soviético, como la némesis de la famosa frase con la que José Stalin, muy desdeñosamente, liquidó las “divisiones del Papa”. Stalin tenía razón, porque aquellas divisiones no existían (ya no existirán más), pero se equivocaba —como sabemos ahora— en minusvalorar la fuerza de la Iglesia y del sentimiento religioso en general.

Mijail Gorbachov, otro gran personaje que ya ha entrado en la historia, también sobre todo por el sistema mediático, como liquidador del sistema soviético, pero con argumentos y motivaciones totalmente diversos, lo tuvo como antagonista durante los seis años en que permaneció en el poder en la Unión Soviética.

Se combatieron, pero después comprendieron que sus posiciones no eran tan distantes como parecían. Se encontraron, nació entre ellos un aprecio mutuo. Por ello, en el momento de la desaparición del Papa “que hizo que terminara la guerra fría”, el juicio de Mijail Gorbachov es particularmente importante.

¿Cómo valora la figura de este Papa?

En la historia de la Iglesia ha habido pocos Papas tan longevos como Juan Pablo II, y pocos asimismo tan importantes como él, por haber atravesado toda una época de cambios excepcionales, no como espectador, sino como protagonista.

Éste es un dato especialísimo, que no se puede dar por descontado, porque los acontecimientos, por sí solos, no hacen grande a la persona que los vive. Sólo aquél que sabe interpretarlos y se sumerge en ellos deja una impronta en la historia.

¿Y cuál ha sido el sentido de este Papa?

Una visión profundamente humanista, una opción en favor de la dignidad del individuo. En todos los sentidos.

Durante los años de su pontificado, desde el Vaticano nos han llegado palabras diversas, según las diversas fases históricas y políticas; pero siempre ha sido fuerte y constante la denuncia de la gravísima situación de injusticia y de desigualdad que aflige al mundo moderno: el hecho de que tantos millones de individuos vivan afligidos por tanto sufrimiento, pobreza, hambre, carencia de trabajo, sometidos a la opresión política y a la violación de sus derechos humanos más elementales.

Pero este Papa ha sido también un implacable crítico del comunismo.

Exacto. Su crítica de la ausencia de libertades individuales en el sistema político soviético fue justa.

Yo mismo, que nací y crecí en aquel sistema, llegué a unas conclusiones análogas y, precisamente por esto, me comprometí en reformarlo.

Pero siempre hubo, en las palabras de este Papa, una sinceridad y una coherencia que no se encontraban en otros críticos de aquel comunismo; es decir, Juan Pablo II criticaba la falta de libertad en cualquier parte en que esta carencia se manifestase, en el comunismo, pero también en el capitalismo. Por eso fue combatido y criticado por los poderosos grupos de los vencedores de la Guerra Fría.

Describe usted un Papa más bien apolítico, que avanza decidido por su camino sin atender demasiado a la diplomacia: primero, en la lucha contra el comunismo; después, en la denuncia del sistema capitalista.

Creo que este Papa, que tenía también rasgos de una fuerte intransigencia, ha sido en el fondo un político realista. Reclamar la atención del mundo sobre sus problemas más urgentes, sobre aquellos problemas que son inaplazables, es dar pruebas de realismo y de sentido de la previsión.

Lo que es algo muy diferente del realismo de corto alcance dedicado a tapar las brechas y a resolver el juego de unos intereses mezquinos en un corto espacio de tiempo.

Su atención hacia el Tercer Mundo, a la deuda que lo aplasta de forma creciente, es la prueba de lo que estoy diciendo. En estas condiciones no puede haber desarrollo y, por tanto, no puede haber paz, porque —como Juan Pablo II dijo inmediatamente después del 11 de septiembre— “no puede haber paz sin justicia”.

Es el mismo principio que le ha guiado en sus llamamientos y en su acción en favor de la paz en Oriente Medio y en favor de una solución a la crisis entre el Estado de Israel y el Estado palestino, un Estado que los actuales dirigentes de Israel no quieren que sea creado.

¿Qué recuerda de sus encuentros con el Papa Wojtyla?

Después de 1989 nos entrevistamos en diversas ocasiones y, en cada una tuve la sensación de que el hombre que tenía delante era muy consciente del dramatismo de los desafíos del mundo contemporáneo.

Desde el primer contacto sentí confianza, instintivamente. Y me parece que fue una comprensión recíproca. Desde luego, éramos distintos, con unas trayectorias vitales que no podían ser más diversas. Sin embargo, y esto no deja de sorprenderme todavía hoy, habíamos llegado a las mismas conclusiones en el juicio sobre el hombre.

Puede ser que jugara en favor de esta convergencia el hecho de que ambos éramos hombres del Este.

REALISTA

“Reclamar la atención del mundo sobre sus problemas más urgentes, sobre aquellos problemas que son inaplazables, es dar pruebas de realismo y de sentido de la previsión”, dice Gorbachov sobre Juan Pablo II.

(Entrevista publicada por el diario italiano La Stampa y adquirida a The New York Times).

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