- Pretendió justificar la profanación de la misa en 1983
Ludwin Loáisiga López
El dirigente sandinista Daniel Ortega dijo que no entendió al Papa Juan Pablo II cuando realizó su segunda visita a Nicaragua en 1996, en momentos en que la campaña electoral por la Presidencia de la República se acercaba a su clímax y el Sumo Pontífice dijo que los años ochenta, bajo el régimen del sandinismo, fueron “la noche oscura”.
Según el Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en otro encuentro con el Papa, el Sumo Pontífice le dijo que “Cristo es perdón, es amor”, como expresión de absolución a los sandinistas por la difícil noche que ocurrió en la misa de 1983, cuando una multitud de personas no dejaba hablar al líder religioso, gritando: “Queremos la paz, queremos la paz”.
La falta de respeto al Papa, a criterio de Ortega, fue una acción diseñada por el Gobierno de Estados Unidos, con el apoyo de los “oligarcas y vende-patria, para decir que la Revolución le había faltado el respeto a Su Santidad”.
Según Ortega, el Papa comprendió el error y perdonó a los sandinistas, al decirle que “Cristo es perdón, es amor”.
No obstante, cuando Juan Pablo II volvió en 1996, en la misa que celebró en la plaza ahora homónima, dijo que su misa en 1983 se realizó bajo la tela de “la noche oscura”.
“Vino Su Santidad y habló de la noche oscura e inmediatamente después fue manipulado electoralmente por nuestros adversarios”, recordó Ortega.
“Me resultaba difícil entender que cuando él estaba hablando de la noche oscura, se estuviera refiriendo exclusivamente al Frente Sandinista, al Gobierno sandinista”, explicó Ortega.
Cerna con el Papa
El ex Presidente recordó que en su primera visita, el régimen sandinista cuidó con recelo al Papa Juan Pablo II.
Cuando realizó un recorrido por Nicaragua, lo enviaron en helicóptero, dijo, en el que también estaba el Jefe de la Seguridad del Estado, Lenín Cerna.
Además, alegó que tratataron de no cometer errores durante la estadía del Papa, porque sabían que serían utilizados en su contra.
Al final, Ortega definió la figura de Juan Pablo II como el encuentro entre “lo divino y lo humano”. Sin embargo, se niega a reconocer la profanación de la misa del Papa.