Edgard Tijerino M.
Mark McGwire se negó a presentarse ante el Congreso de EE.UU. para responder preguntas sobre el escándalo de los esteroides. El artillero que conectó 583 jonrones en su carrera, fue cuestionado en 1998 cuando admitió usar Andro, un suplemento que produce testosterona, entonces prohibido en otros deportes, no en el beisbol.
Se piensa que su actitud, lo condena.
En eso coinciden un grueso número de cronistas con derecho a votar en la escogencia para el Salón de la Fama, y las primeras encuestas, indican que las puertas de Cooperstown no serán abiertas para el “mata-pitcheres” en el 2007.
Lo recuerdo en 1983. McGwire ya medía 6 pies y 5 pulgadas aquella noche histórica cuando Nicaragua derrotó a EE.UU. 9-5 en Caracas en ruta hacia la conquista de la medalla de plata.
Era un muchacho de 20 años, de grandes proyecciones, fuerte, en plena evolución física, distante sí, de la impresionante musculatura que mostró en 1998, cuando disparó 70 jonrones asombrando al planeta beisbol y haciéndolo girar bruscamente.
Sin embargo, si retrocedemos a 1987, McGwire, conocido más adelante como “Big Mac”, fue capaz de conectar 49 jonrones en su primera temporada completa con Oakland, asegurando el reconocimiento de Novato del Año.
¿Qué tomaba en ese momento?, ¿alguien sugirió someterlo a un examen por haber establecido una marca jonronera que ningún otro novato en la historia ha podido alcanzar?
Desde entonces, ahí estaban el hombre y el bate, el brazo izquierdo extendido, la rodilla crujiente flexionada y el gesto fiero de siempre con los dientes apretados. Terminando su swing, Mark McGwire parecía estar posando para una escultura de Rodin.
Sentado sobre una montaña de 583 jonrones, el “monstruo” McGwire anunció su retiro al finalizar la temporada del 2001 después de un intenso sufrimiento en sus rodillas y en su espalda que se extendió implacablemente a lo largo de las dos últimas temporadas.
Malditas dolencias que le robaron unos 60 jonrones en sus dos últimas campañas limitándolo a medio tiempo de actividad. “Big Mac” necesitaba 17 más para llegar a los 600, pero después de someterse a una acuciosa revisión médica, decidió tirar su bate a las brasas y meter sus rodillas en el congelador.
Hank Aaron se sintió tranquilo, como debe estarlo nuevamente frente a la posibilidad del final de Barry Bonds.
Ah, si el “monstruo” batallando dolorosamente con una serie de factores adversos no se hubiera visto reducido a sólo 27 y 47 juegos en las temporadas de 1993 y 1994, luego 104 y 105 en 1995 y 1997 enfrentando grandes dificultades, y finalmente 89 y 97 en lo que fue el cierre de su carrera durante el 2000 y el 2001, tendríamos a un nuevo rey jonronero con una frecuencia increíble.
Sólo hay un detalle pequeño en sus cifras, algo que no disminuye su grandeza pero que no está a tono con su furia destructiva, ni rima con su swing, ni suena agradable a las tribunas como cada uno de sus impactos, y es que sólo pudo conectar un jonrón en tres Series Mundiales.
¿Necesita McGwire para su inmortalidad un boleto a Cooperstown?
No, no es necesario. No cuando tienes en tu poder el récord de 49 jonrones para un novato, cuando has conectado 70 en una temporada, cuando fuiste el primero en quebrar la marca de 61 que poseía Roger Maris, cuando te has adueñado de una frecuencia superior a la de Babe Ruth, cuando has sacado pelota a la calle en casi todos los parques, cuando con cada swing levantabas al público de las butacas, cuando lograste todo eso en el marco de lo que permitían las reglas.
La imagen perdurable de McGwire que nos quedará por siempre, es la de su trote majestuoso dándole la vuelta al cuadro con su puño en alto, como aquellas noches cuando saltó sobre Maris y superó a Ruth.
Nunca olvidaremos su espectacular batalla con Sammy Sosa en 1998. Todo era incierto al entrar la temporada a su último fin de semana, y “Big Mac” volvió a excederse conectando cinco jonrones en los últimos tres juegos.
Igual que Rose, aunque le cierren las puertas de Cooperstown, la grandeza de McGwire será por siempre una referencia obligada. Y eso, no hay manera de evitarlo.