- La orden religiosa San Agustín la estableció desde hace dos años en Ocotal y desde entonces se ha convertido en el refugio de miles de campesinos que sin dinero en sus bolsillos bajan de las montañas para acompañar o cuidar a sus enfermos
Amparo Aguilera
Ocotal, Nueva Segovia.— Manuel Gutiérrez, originario de Quilalí, arribó a Ocotal a inicios de la segunda semana de febrero muy desconcertado porque a su esposa, Petronila, se le quiso “adelantar” el parto.
“Eran síntomas de aborto, por lo que supe. Así es que los médicos decidieron tenerla unos días más, pero a mí se me vino el mundo encima porque no andaba muchos riales (dinero)”, recuerda.
Cuenta que permaneció en el Hospital Alfonso Moncada Guillén durante cuatro días a punta de pan y fresco, gastando tres córdobas por tiempo: desayuno, almuerzo y cena.
“Pero estando en esas (dificultades), un vigilante me observó y me dijo que había una casa donde la gente de la Iglesia regalaba comida y daba posada a quienes venían de largo, y que tenían a algún enfermo en el hospital. Él me dio las pistas y me fui al albergue”, relata.
A partir de entonces, el menú diario mejoró. “En el albergue me servían platos que bien valen 20 córdobas afuera (en comiderías) y por eso hasta regué la bulla en la sala de maternidad”, contó.
ÚNICO EN EL PAÍS
Gutiérrez es una de las cientos de personas atendidas este año en el Albergue Monseñor Antonio Madrigal, ubicado a unas cuantas cuadras del hospital. Aunque en los dos últimos años el número de atendidos ha sido de miles.
Desde que se instaló el albergue adquirió fama, pues aparte de establecerse con la ayuda de los habitantes, es la única “posada” que atiende gratuitamente a toda persona pobre que arriba a Ocotal en busca de sus enfermos.
De momento, en el país no hay otro sitio igual. Las únicas propuestas que lo asemejan están ubicadas en la capital pero inmersos dentro de centros asistenciales y enfocados hacia segmentos más delimitados.
Este es el caso del Hotel Sueños Selectos, inaugurado en el 2003 en el Hospital La Mascota, que acoge a los niños que padecen de cáncer y a sus familiares y del albergue del Hospital Bertha Calderón, en el cual se atiende exclusivamente a mujeres.
DONAN SU TIEMPO
El sacerdote Francisco Robles (conocido como padre Paco), de la Orden San Agustín y a cargo del albergue de Ocotal, explica que el lugar nació por necesidad. Aunque para hacerlo realidad se requirió de la ayuda de los católicos, evangélicos y hasta no creyentes.
“Nosotros notábamos el hacinamiento en el hospital, vimos que concentraba gente que provenía de las diferentes comunidades del departamento bastantes pobres. Entonces decidimos establecerlo echando mano de la fe”, argumenta el sacerdote.
Fue así como buena parte de los lugareños donaron de uno en uno los bloques. Mientras tanto algunos organismos no gubernamentales ayudaron a completar el resto de la edificación, que cuenta con cuatro habitaciones con capacidad para ocho personas, baños, inodoros y lavamanos.
Luego hubo quienes continuaron el apoyo donando alimentos. En tanto el resto de católicos, a través de las 200 pequeñas comunidades que se totalizan con la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y la parroquia San Agustín, hasta el día de hoy se dan a la tarea de prestar sus servicios, de lunes a sábado y en turnos de por medio, para atender a los “huéspedes”.
Otras agrupaciones como la Fraternidad Secular Agustiniana Santa Mónica, Fraternidad Franciscana y Dominica, en cambio decidieron “donar” sus domingos para continuar la labor que a la fecha ejercen.
Paula Jazmina Marín, coordinadora de uno de los equipos del primer grupo, detalla que cada turno dominical implica madrugar. Por lo menos su grupo, conformado en la actualidad por cinco personas, alista la comida en la posada a partir de la 6:00 a.m. Aunque algunas aportan tortillas o pan que aliñan desde el día anterior.
Marín cuenta que usualmente se dividen las tareas. “Mientras algunas preparan los frijoles o el gallo pinto, otras cortan las tajadas de plátanos, o alistan la leche o el café”, detalla.
FAENA BENDECIDA
Esto les permite aprovechar más el tiempo, pues a las 7:00 a.m. el desayuno está listo. Lo que indica que la atención puede comenzar: es decir que a cada visitante que va llegando le pueden ir sirviendo su comida, tras dar las debidas bendiciones por el plato elaborado.
Una vez que los comensales acaban su faena, el equipo se ocupa de retirar los platos, lavarlos y guardarlos. Eso normalmente ocurre a las 8:00 a.m. cuando todos los invitados comieron y bebieron.
El almuerzo y la cena llevan el mismo ajetreo, aunque son otros equipos los que toman su mando en horarios de 11:00 a.m. y 4:00 p.m. respectivamente.
Según Marín, al inicio lo más difícil es combinar los alimentos. “Porque se tiene que inventar qué hacer, pero eso lo hemos venido superando. Y realmente nos gusta hacerlo, porque queda la satisfacción de ayudar a gente que es bastante humilde y pobre”, explica.
El director general del hospital de Ocotal, Moisés Espinales, reconoce que el albergue es de gran ayuda porque facilita comida y da cobertura a gente que está dispersa en la mayoría de las especialidades que aglutina la entidad.
“Son familiares que tienen enfermos en Medicina Interna, Cirugía, Ortopedia, Dermatología, y Ginecoobstetricia. Fíjese que sólo en enero en el albergue se atendieron alrededor de 454 personas”, refiere al aclarar sólo en el área de Pediatría los familiares optan por mantenerse al lado de sus niños enfermos.
Dulce María Calderón y Violeta Castillo, dos voluntarias que permanecen todo el día en el albergue, coinciden en que esta obra ha revolucionado la labor social de la Iglesia. Aunque el padre Paco dice que sólo están siguiendo el quehacer que inició hace 50 años monseñor Madrigal en Nueva Segovia, sacerdote famoso por varios milagros.
AJETREO EN LA GESTIÓN DE FONDOS
En ese sentido Calderón especifica que la posada posee dos consultorios populares con su farmacia y tres médicos voluntarios, donde llega gente de los barrios periféricos que pagan sólo 10 córdobas por la consulta médica. Pero esto es opcional.
También concentra a la Casa de Promoción Humana María de Nazareth, que son niñas entre edades de 10 a 18 años que ya dejaron la calle o están en riesgo de prostituirse.
A estas infantes, con el apoyo del Comité Nueva Nicaragua y profesores locales, les enseñan manualidades, que luego venden para autosostener el proyecto en su totalidad.
“Al mes movemos alrededor de 100 dólares, de los cuales una parte se reinvierte para mantener las ventas”, expone Castillo.
Otra forma de obtener ingresos, lo hacen alquilando algún cuarto al Organismo Ayuda en Acción, que en vez de hospedar a su gente en los hoteles del pueblo optan por llevarlos al albergue.
“Y con esto tenemos más entradas. Aunque claro el padre Paco es quien lleva la batuta porque él se encarga de conseguir los alimentos básicos”, dice Calderón.
El clérigo confirma que todo funciona a punta de gestión. A tal punto que reciben apoyo de la Fundación Americana Nicaragüense, que inclusive les da medicinas y ropa; además les ayuda Fundenuse, una entidad local; y la Fundación Heres de España, cuya cobertura se extiende a proyectos vinculados a la salud pública. La parroquia de Ticuantepe, y la Unión Católica Médica Mundial, también los apoya.
Es así como en el albergue se garantiza permanentemente arroz, frijoles y aceite. Las carnes, frutas y verduras lo aporta la gente de las pequeñas comunidades y de las fraternidades. “Es todo un voluntariado”, reitera el sacerdote. Y no miente, pues el único que recibe un sueldo básico es un vigilante, quien gana 500 córdobas al mes.
HAY MÁS OBRAS
El padre Francisco Robles adelanta que están impulsando un proyecto de Derechos Humanos, por medio del cual los presos reciban asesoría legal. Sin embargo, para esto se requiere de recursos que aún no existen.
Expone que también están promoviendo el Programa del Vaso de Leche, que da cobertura a más de mil niños, ancianos, minusválidos y mujeres embarazadas de escasos recursos procedentes de barrios pobres como Pueblos Unidos, Nuevo Amanecer y de comunidades extraparroquiales.
Entre tanto, en municipios como Dipilto, Santa María y Macuelizo se realizan proyectos de abastecimiento de agua potable y tiendas campesinas.
A mediano plazo, la Iglesia pretende instalar en las zonas rurales un Centro de Voluntariado Social. Además prevé establecer un local para albergar a las brigadas médicas extranjeras que dan atención gratuita en el campo y espera instalar dispensarios médicos en cada uno de los municipios descritos, incluyendo Ocotal, así como establecer la educación de adultos.
AL RESCATE DE LA HISTORIA
La Iglesia Católica de Ocotal se propone concretar un Programa de Rescate Histórico en el departamento de Nueva Segovia. “Una de nuestras metas, por ejemplo, es rescatar las casas más antiguas de los municipios. Hay una del Siglo XVIII, con arcos de piedra, que pensamos restaurar”, dijo el padre Francisco Robles.