Albertina Martínez Rivera muestra las fotos en vida de sus hijos que trataron de asaltar un banco en Costa Rica.

Madre de asaltantes del banco tico pide perdón por sus hijos

Desde su humilde rancho clama a las autoridades ticas para que la dejen ver a su hijo detenido Carlos HernándezTOMADO DE LA NACIÓN La Ñoca, Nicaragua.- En este pequeño pueblo enclavado en la montaña nicaragüense vive Albertina Martínez Rivera, madre de los tres asaltantes de la agencia del Banco Nacional de Monteverde. Y desde allí […]

  • Desde su humilde rancho clama a las autoridades ticas para que la dejen ver a su hijo detenido

Carlos HernándezTOMADO DE LA NACIÓN

La Ñoca, Nicaragua.- En este pequeño pueblo enclavado en la montaña nicaragüense vive Albertina Martínez Rivera, madre de los tres asaltantes de la agencia del Banco Nacional de Monteverde.

Y desde allí pidió perdón a las víctimas del fallido atraco y posterior secuestro en la localidad turística de Santa Elena, provincia de Puntarenas.

“Sé que las madres o esposas de los que allí murieron están sufriendo mucho, pero yo también he sufrido tanto como ellos”, expresó con un semblante de profunda tristeza.

En el suceso, el 8 de marzo, fallecieron nueve personas: seis rehenes, un policía y los dos hijos de Albertina Martínez.

Aunque no se acuerda bien de su edad, cree que nació hace unos 65 años. No sabe leer ni escribir.

Vive en un destartalado rancho de madera de dos aposentos y piso de tierra, a una hora de camino del río San Juan. No tiene un televisor ni siquiera un radio y menos el servicio de electricidad.

Con sus hijos Santos Agenor Hurtado Martínez y Santos Margorie Cruz Martínez, muertos en el tiroteo en Monteverde, no tenía contacto desde hace dos años. A Erlyn Hurtado, el hijo que está preso por el asalto y secuestro, lo vio en octubre pasado… Después no supo nada más de él.

PENA Y DOLOR

Albertina Martínez, de hablar pausado, vive con otros dos hijos: Norli (16 años) y Jaer (17) quienes laboran en el campo y velan por la señora.

Santos Agenor, así como Erlyn, vivieron con ella hasta los 15 años. Luego se trasladaron a Costa Rica. Al padre de los muchachos, Horacio Hurtado, lo mató el Ejército sandinista en 1979 cuando, según doña Albertina, lo confundieron con miembros de la Guardia Nacional.

Santos Margorie, por su parte, vivió mucho tiempo al lado de su padre (no se conoció el nombre) y terminó también en Costa Rica.

Agobiada por una hepatitis, la señora Martínez no deja de pensar en Monteverde.

“Yo casi no creo lo que pasó, creía que eran mentiras porque ninguna madre espera que sus hijos hagan cosas tan horribles. Tengo un gran dolor interno, el dolor de los dos hijos que se murieron, dolor por el que está en la cárcel, dolor y preocupación por las personas que murieron…”.

Pidió a las autoridades costarricenses que le permitan ver a su hijo en la prisión. “Yo sé que hizo algo malo, pero como soy su mamá quiero que me permitan verlo”.

La salud de la señora se complicó el jueves anterior cuando se enteró de la muerte de sus dos hijos y la detención de Erlyn Hurtado.

Se esfumó la esperanza de verlos a los tres la próxima Semana Santa, como ellos se lo habían prometido.

En su rancho, resumió en el momento: “Soy la mujer más desgraciada del mundo”, expresó, mirando al cielo y con mucha tristeza.

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