Eduardo Enríquez
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Nada gana Ortega con sacar a Alemán
Eduardo Enríquez
Cuando Arnoldo Alemán ganó la Presidencia en 1996, lo hizo acompañado de 52 diputados liberales. Ortega estaba en la posición más débil desde el 19 de julio de 1979.
La Corte Suprema era controlada por liberales y su presidente era el magistrado Guillermo Vargas Sandino, que se caracteriza por su capacidad jurídica. La Contraloría era independiente de liberales y sandinistas, y el Consejo Supremo Electoral era presidido por Rosa Marina Zelaya, que se había alejado del sandinismo y no se identificaba con el liberalismo.
Alemán, con esa cantidad de diputados no podía reformar la Constitución, pero a través de leyes ordinarias pudo transformar Nicaragua en una democracia moderna.
No lo hizo. Prefirió otorgarle gigantescas cuotas de poder a Daniel Ortega, a cambio de que éste se hiciera de la vista gorda en el saqueo estatal que se dio durante la Administración Alemán.
No calculó Alemán que un futuro Presidente podía echarlo preso. Obviamente confió demasiado en Ortega y quedó en una posición débil. En el momento en que Enrique Bolaños decidió acusarlo por corrupción, Alemán quedó en las manos de Ortega, que gracias al ex Presidente ahora tenía control total del Poder Judicial.
Ahora Alemán, más que “privado de libertad”, como le dicen, es un rehén de Ortega, y el rescate que ha tenido que pagar ha sido entregar todo el Estado al “orteguismo”.
Pero, ¿de verdad Ortega tiene intención de liberarlo? Hasta diciembre del año pasado, para Ortega, Alemán era útil preso mientras no surgiera un líder de la derecha que amenazara la “ya segura” victoria en las elecciones presidenciales por parte del secretario perpetuo del FSLN.
Siempre pensé entonces que Ortega soltaría a Alemán si, y sólo si, surgía un candidato fuerte de la derecha. Mientras tanto, el ex Presidente permanecería guardado en El Chile. Una vez libre, Alemán, consciente o inconscientemente, le haría a Ortega el favor de dividir el voto antisandinista, y él podría ganar fácilmente las elecciones, incluso dándose el lujo de absorber el costo político de liberar a Alemán.
Sin embargo, y a eso es lo que llaman “los imponderables de la política”, más bien ha surgido con fuerza un candidato que amenaza con arrebatar a Ortega su mercado de votos.
La ironía es entonces que aunque don Daniel controla ya todos los poderes del Estado, su debilidad viene de sus propias bases, que después de vivir derrota tras derrota electoral están cansadas de ver cómo sólo el “círculo de hierro” de Ortega se ha beneficiado con el pacto libero-sandinista.
Ahora es don Daniel quien no puede cumplir, aunque quiera. Los liberales están ilusamente esperanzados en que “una vez que resuelva el problema Lewites”, va a dejar libre al “máximo líder”.
Pero eso sólo hará que Ortega vuelva a tener la llave de la celda, pero no quiere decir que vaya a liberarlo inmediatamente.
Mientras no surja un líder fuerte de la derecha que amenace a Ortega, Alemán le es más útil preso que libre.