Edgard Rodríguez C.
Uno de los mayores errores de los fanáticos, e incluso de los periodistas, es sacar a diario conclusiones de alcance universal.
De pronto, hemos descubierto que Rivas tiene un buen equipo, poderoso y con opciones de ser campeón (aunque su pitcheo levante tantas dudas como el futuro de nuestro país).
Nos hemos percatado que el Bóer no es tan fiero como se pensaba (aún cuando tiene a Roa, Guido y Abea en el centro de su line up) y que su pitcheo es sospechoso (pese a Cairo, Hansack y Sandino).
Y bueno, también hemos notado que Matagalpa carece de profundidad en su staff y que Estelí tiene buen balance en todas sus áreas y que es capaz de reventar al que se le atraviese.
Calma, amigos, calma. Se trata apenas del primer fin de semana. Es más, sólo Estelí ha jugado en dos ocasiones.
Para decirlo pronto, ni el Bóer es tan discreto como se vio el domingo (sin bateo, sin pitcheo y sin defensa) ni el Rivas es tan feroz como lució (con 18 hits y hasta un jonrón de Lenín Aragón).
Un partido no es el trayecto adecuado para calibrar un equipo. Una mala jornada la tiene hasta Roger Clemens. ¿Por qué no Cairo o Asdrudes? Los invito a que no descarten al Bóer y al Matagalpa. Esos equipos tienen buen personal.
Lo que está claro, es que vamos a un torneo donde el ataque mandará. Bola viva, bate de bambú y sin el pitcheo riguroso de la Profesional, el bateo impondrá su ley.
Y eso, (las fuertes ofensivas) lejos de ser problema, podrían ser el principal atractivo de la Liga, el señuelo que traiga de regreso a los aficionados.
Nunca he hecho un estudio al respecto, pero tengo la impresión que al aficionado le gusta el bateo potente, el jonrón, y en esta liga, las condiciones están dadas para que eso suceda con bastante frecuencia.