Periodistas

Carlos Elorza En el recién pasado Día Nacional del Periodista, los familiares de María José Bravo y Carlos Guadamuz debieron haber recibido una felicitación especial, pues ambos dieron su vida en aras de la libertad de expresión. La condena que se dictó en el caso de María José sirvió de aliento para quienes tienen que […]

Carlos Elorza

En el recién pasado Día Nacional del Periodista, los familiares de María José Bravo y Carlos Guadamuz debieron haber recibido una felicitación especial, pues ambos dieron su vida en aras de la libertad de expresión. La condena que se dictó en el caso de María José sirvió de aliento para quienes tienen que enfrentarse a las amenazas de muerte, como de las que ahora ha sido víctima la colega Carol Munguía, corresponsal del Diario LA PRENSA en la ciudad de Chinandega.

El pueblo de Nicaragua no quiere que esos casos se repitan en el tierno proceso de democracia que experimenta la nación. Es evidente que la muerte de Carlos Guadamuz y María José Bravo fue ejecutada por venganza política dirigida por personas con nombres y apellidos acostumbrados a matar.

Ahora no hay burros amarrados, como en el pasado, cuando se nos impuso la ley del bozal contra la libertad de expresión, cuando el Diario LA PRENSA fue el primero en recibir el castigo de los “revolucionarios”. Que no se olviden los que quisieran asesinar a otro periodista nicaragüense, que quienes hacen con altruismo y de manera muy responsable esta peligrosa labor de comunicación social no están solos.

Orgullosamente puedo decir que Nicaragua tiene periodistas de calidad, con altos estándares en conocimientos de comunicación. Con su capacidad intelectual lo han demostrado quienes hacen el papel de corresponsales en el país y los que laboran en planta. No hay que menospreciar a nadie diciendo la urgencia que tiene el país de periodista de “altura”, el problema es que el gremio está siendo directamente atacado bajo amenazas de muerte como la que ha afrontado Carol Munguía después que Daniel Ortega atacara a LA PRENSA en su discurso de Chinandega. ¿A quien no le daría miedo si salió de la boca de Ortega?

Cartas al Director

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