Roberto Amador N.
Lejos están los días en que los san-dinistas ofrecían horca a los de la empresa privada o cuando les quitaban a los pobres campesinos a la entrada de las ciudades y pueblos sus raquíticas producciones y perseguían a la Iglesia. Cerca están los protagonistas de estas acciones, sólo que ahora presentan una cara diferente.
Se han puesto una piel de oveja, ¿será realmente que el lobo ha desaparecido de ellos? Por muchas condecoraciones que repartan y muchos discursos que se digan y se den alabanzas mutuas y los declaren hijos dilectos, difícil es olvidar ese pasado: olvidar a la Marañosa, el ataque a los campamentos de los refugiados en Honduras, los miskitos perseguidos a sangre y fuego, el servicio militar obligatorio, los comités de barrios, Micoin, las cárceles, las confiscaciones, el exilio, las torturas en el chipote, el llanto de las madres cuando sus hijos regresaban de los frentes de guerra en ataúdes sellados, los ataques contra los humildes campesinos.
Los comandantes contras han pagado con su vida la derrota de las fuerzas sandinistas. Luego de todo el equipo militar los Mi-24, radares, cohetes etc., negociado por ellos y pagado por el pueblo nicaragüense, no creo que en Nicaragua alguien pueda creer en el cambio de los comunistas.