Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Después de veinticinco años de haber entonado con la rebeldía adolescente que me caracterizaba, aquella canción que decía … “Hilachas de sol sobre el camino, malinche cargado de mañana, la tierra labrada mal repartida, la luna que alumbra sobre la hacienda…” volví a cantarla ya no como chavalo sino como hombre que peino canas.
El escenario fue el Teatro Popular Melico Salazar, en San José, Costa Rica, donde más de mil personas celebraron el 19 de febrero, el 60 aniversario del nacimiento del cantautor Luis Enrique Mejía Godoy y más de 30 años de carrera artística.
Citado con la complicidad de varios grupos costarricenses y de su esposa, Luis Enrique llegó al teatro a un “ensayo musical” sin saber que las mil butacas, las luces, y más de treinta músicos esperaban su ingreso para una fiesta sorpresa.
Cuando puso pie en el escenario los aplausos del teatro en pleno aplastaron aquella personalidad rebelde del pasado, inmovilizándolo totalmente, llevándose las manos a la cara como para sostener el mundo sin poder evitar cubrirse lo mojado de los ojos.
“Luis Enrique Mejía es un icono de la música popular latinoamericana y nosotros venimos a acompañarlo por el respeto que le tenemos por la imborrable huella que dejó en Costa Rica…”, dijo Ricardo Ramírez, del grupo Editus, ganador de un premio Grammy.
Acompañaron a Luis Enrique en esa oportunidad Los Rufos, Tayacán, Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, amigos y público en general, a quien el Ministerio de Cultura llamó como un artista “nacional”.