Isidro Urtecho Marín
Creo que muchos nicaragüenses estamos a la expectativa del diálogo. Nuestra aspiración es que se logre la paz permanente en Nicaragua, que los valores fundamentales sustenten el desarrollo socioeconómico y político. Para vivir en democracia se necesita tener una conciencia plena de justicia.
Los políticos no deben defraudar a quienes les hemos confiado el destino de nuestra nación. Pido a los diputados que sean generosos, que dialoguen y se reconcilien, que no traicionen a miles de mártires que dieron su vida por una nación democrática. Y que tampoco traicionen a los hombres que aún anhelan ver el fruto de su lucha.
El hombre no fue creado para vivir y morir miserablemente. Qué alegría podrá haber si en todos los rincones de Nicaragua hay miseria: los miserables aumentos para los pensionados después de cinco años de deslizamiento de la moneda y toda una vida entregada al trabajo es una humillación; la situación que viven nuestros ancianitos es deplorable. Desafortunadamente hemos vivido bajo la sombra del terror y del enriquecimiento ilícito y esto ha sumergido al país en la pobreza extrema, por eso hay tantos jóvenes metidos en la droga, en la violencia, en el libertinaje. Y lo que se dice, que Nicaragua es un país seguro, es otra mentira más.
Es necesario recuperar nuestra dignidad, que los gobernantes comiencen a pensar en los miles de nicaragüenses que mueren por hambre o por falta de atención médica. Es necesario no seguir violentando los derechos humanos haciendo notas rojas.
Acerquémonos con fe a Dios para que el Espíritu Santo nos lleve a la unidad que tanto deseamos, dialoguen como buenos hijos de Nicaragua. La solución es compleja y difícil, pero es posible y estamos a tiempo de hacer una seria y responsable reflexión por el bienestar de la nación. Elevo mis temores al Dios del amor y le pido ayuda consoladora para el pueblo de Nicaragua.