John Dimitri Negroponte será el primer hombre en ocupar el recién creado puesto de Director Nacional de Inteligencia.

De viejo zorro de la diplomacia a superespía

El nuevo “zar” de la inteligencia de EE.UU. es un viejo conocido en Centroamérica Barry Schweid yNéstor IkedaThe Associated Press/WASHINGTON El nuevo zar del espionaje de Estados Unidos, John D. Negroponte, ha dicho que es la misión más exigente que se le ha encomendado en 40 años de servicio en el Gobierno. Sin embargo, ya […]

  • El nuevo “zar” de la inteligencia de EE.UU. es un viejo conocido en Centroamérica

Barry Schweid yNéstor IkedaThe Associated Press/WASHINGTON

El nuevo zar del espionaje de Estados Unidos, John D. Negroponte, ha dicho que es la misión más exigente que se le ha encomendado en 40 años de servicio en el Gobierno. Sin embargo, ya ha enfrentado otras misiones difíciles.

John D. Negroponte, nombrado por el presidente George W. Bush como primer Director Nacional de Inteligencia, ha sido vinculado a generales golpistas, violadores de los derechos humanos y escuadrones de la muerte en los terribles días de conflictos armados en varias naciones centroamericanas hace dos décadas.

Nacido en Londres, hijo de un magnate naviero griego, el diplomático de 65 años no ha estado libre de controversias durante su carrera.

Como embajador entre 1981 y 1985 ante Honduras —país entonces administrado por un gobierno civil apoyado por los militares— se sospecha que Negroponte desempeñó un papel crucial para llevar a cabo la estrategia encubierta del gobierno de Ronald Reagan que buscaba aplastar al gobierno sandinista en Nicaragua y parar a la guerrilla salvadoreña.

También fue asistente adjunto de seguridad nacional durante el Gobierno del presidente George H. W. Bush (padre del actual mandatario), y luego embajador en México y las Filipinas.

HONDURAS, LOS CONTRAS

Se acusó a Honduras de cometer abusos a los derechos humanos mientras Negroponte era embajador.

En septiembre del 2001 el Senado confirmó su nominación para el puesto en la ONU, después de un retraso de un semestre debido principalmente a las críticas por sus antecedentes en Honduras.

Durante semanas antes de su audiencia frente al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Negroponte fue cuestionado sobre si había tolerado los abusos por parte de un escuadrón de la muerte hondureño financiado y entrenado en parte por la CIA.

El apoyo de Reagan a los rebeldes antisandinistas conocidos como contras y la venta de misiles a Irán relacionada con rehenes estadounidenses en ese país se convirtió en el escándalo Irán-Contras que ensombreció el segundo periodo de gobierno del presidente republicano.

Negroponte ya dijo en sus audiencias de confirmación que si bien pudieron darse abusos, el Gobierno hondureño de la época no tenía una política de esa naturaleza.

“Hasta donde yo sé, no creo que escuadrones de la muerte hubiesen estado operando en Honduras”’, afirmó.

Pero Leo Valladares, ex Comisionado Nacional de Derechos Humanos de la época en ese país, afirmó que en sus investigaciones determinó que Negroponte “sabía lo que ocurría en esa época en el país”.

Valladares elaboró un informe sobre las personas que desaparecieron en Honduras entre 1979 y 1990. El Gobierno hondureño admitió que su ejército mató en esa época a por lo menos 184 izquierdistas de diferentes nacionalidades.

Larry Birns, director del Consejo sobre Asuntos del Hemisferio (COHA), una oficina de investigación y análisis de Washington, sugiere que en las audiencias de confirmación de Negroponte se llame a declarar al ex general hondureño Luis Alonso Discua Elvir, quien presuntamente dirigió un escuadrón de la muerte en su país.

Discua Elvir, sobre la base de que “hablará de todo” sobre Negroponte, logró que se le permitiera a su familia residir en Estados Unidos. Pero las autoridades le revocaron su visa en el 2001 y, según Birns, “quizás tiene un abundante material” que implicaría al nuevo jefe de la inteligencia estadounidense.

Pero es difícil cumplir el pedido de Birns. Negroponte ya pasó por esa prueba. En septiembre del 2001, el Senado lo confirmó como embajador ante la ONU, después de medio año de espera. Luego volvió a confirmarlo en el 2003 como embajador en Irak.

EN LA ONU

En las Naciones Unidas, Negroponte enfrentó la difícil misión de intentar convencer al Consejo de Seguridad para que aprobara el uso de la fuerza contra Saddam Hussein, y luego de defender la decisión de Bush de invadir Irak a pesar de las objeciones de Francia, Alemania, Rusia y otros países.

Como embajador en las Naciones Unidas, Negroponte ejerció una persistente presión ante los gobiernos de México y Chile para que destituyan a sus embajadores en las Naciones Unidas, luego que ambos países votaron en contra del pedido de Estados Unidos para iniciar la guerra a Irak.

Al final, el embajador mexicano Adolfo Aguilar Zinser y el chileno Juan Gabriel Valdés fueron retirados de esas funciones, y los gobiernos de México y Santiago iniciaron una política de distensión con Washington.

Posteriormente fue embajador estadounidense en Irak en medio de una sangrienta insurgencia antinorteamericana.

Bush le ha dado ahora a Negroponte la misión de “detener a los terroristas antes de que éstos pudieran atacar” y, a juzgar por algunas reacciones en el Congreso, Negroponte será confirmado otra vez.

“Es una inspirada selección”, comentó el congresista republicano Christopher Cox, presidente del Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes. “Es una buena noticia para el mundo libre”.

Al referirse a su designación, Negroponte indicó: “Aprecio la confianza expresada en mi elección, ésta será sin duda alguna la misión más difícil que haya tenido que cumplir en más de 40 años al servicio del Gobierno”.

Durante sus años en el servicio exterior estadounidense, el saliente embajador en Bagdad ocupó cargos en Asia, Europa y América Latina, incluyendo las embajadas de México —durante la ofensiva zapatista en Chiapas— y Filipinas.

Hijo de un magnate griego, Negroponte nació en Londres en 1939, y se crió en Gran Bretaña, Suiza y Estados Unidos. Al igual que Bush, estudió en la elitista Universidad de Yale. Habla español, griego, francés y vietnamita.

Fue consejero político en la antigua Saigón en 1964, y llegó a dominar tan bien el vietnamita, que el ex Secretario de Estado republicano, Henry Kissinger, lo eligió para participar en los acuerdos de París en los que se negoció la retirada estadounidense de Vietnam.

Sin embargo, rompió temporalmente con Kissinger por considerar que hacía demasiadas concesiones a los norvietnamistas.

ALGUNASREACCIONES

El nombramiento el jueves por el presidente George W. Bush de John Negroponte como director de todos los servicios de Inteligencia de Estados Unidos mereció desde un “¡Qué barbaridad!”’, de Bertha Oliva, de un comité de familiares de desaparecidos en Tegucigalpa, a un encogimiento de hombros de indiferencia de Silvia Hernández, una senadora mexicana de visita en Washington.

Oliva, coordinadora del Comité de Familiares de Desaparecidos (COFADEH), de Honduras, dijo que con Negroponte como jefe de los servicios de Inteligencia estadounidenses, entre ellos la CIA, el mundo estará bajo la visión “de alguien que fue nefasto para los derechos humanos de los centroamericanos”.

Hernández, senadora opositora miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de México, recibió el anuncio de Bush con un aire de indiferencia. Se encogió de hombros y dijo: “Espero que el conocimiento que tenga el señor Negroponte de México sea para bien…”’

“John Negroponte no tiene una agenda política personal”’, dijo Richard Grenell, portavoz de la misión estadounidense ante la ONU. “Creo que es alguien perfecto para el puesto. Es el negociador honesto consumado y alguien que puede tomar decisiones difíciles después de reflexionar cuidadosamente’”.

SIN TEMOR AL PELIGRO

La misión en Irak era considerada tan peligrosa que la esposa de Negroponte, Dianne, y sus cinco hijos adoptivos no viajaron a Bagdad. Sin embargo, tras la realización de las elecciones, su delicada función encontró un pronto final y el embajador fue convocado a Washington. Bush recurrió una vez más a él para un asunto delicado. Deberá ahora reorganizar un sistema de inteligencia en crisis tras las fallas detectadas en la investigación de los atentados del 9/11 y los errores cometidos antes de la invasión de Irak, cuando aseguró la existencia de armas de destrucción masiva nunca halladas. (AFP)

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