El Día del Presidente

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El Día del Presidente





En Estados Unidos se celebra todos los años, en el tercer lunes del mes de febrero (es decir, en este año 2005 el próximo lunes 21), el Día del Presidente. Y aunque esta celebración no tiene la magnitud del Día de Acción de Gracias o Navidad, sin embargo es un festejo cívico nacional y los comercios, restaurantes y centros de diversión compiten con sus ofertas especiales.

La celebración del Día del Presidente en Estados Unidos fue establecida para honrar a todos los presidentes que ha tenido el país en el pasado, y específicamente para conmemorar el cumpleaños de George Washington (el primer presidente y comandante en jefe de las fuerzas armadas, que ganó la independencia de Estados Unidos) y Abraham Lincoln, el décimo sexto presidente norteamericano, quien gobernó durante la guerra civil estadounidense y abolió la esclavitud.

El Presidente es una institución muy respetada en Estados Unidos, igual que en todas las repúblicas presidenciales de los países civilizados que tienen una población y una clase política debidamente educadas. La tradición de respeto al Presidente en Estados Unidos viene desde la época de George Washington, a quien algunos de sus colaboradores y los aduladores de siempre quisieron endiosar, pero él rechazó con firmeza todos los halagos y demostraciones de servilismo. Fue precisamente George Washington quien dejó establecido el sencillo tratamiento oficial de “Mister President” (señor Presidente), al rechazar el de Su Majestad o Excelentísimo que proponían ciertas personas influyentes, quienes alegaban que el líder libertador de las colonias norteamericanas tenía mucho más derecho a ser llamado de esa manera, que el tirano rey Jorge de la colonialista Inglaterra.

Ahora bien, el hecho de que el Presidente de Estados Unidos sea objeto del máximo respeto ciudadano no significa que no se le pueda criticar. Por el contrario, al Presidente estadounidense lo critica quien quiera hacerlo y por el motivo que le parezca, pero sin faltarle al respeto.

En Nicaragua ocurre todo lo contrario y, lo que es peor, son los mismos altos miembros y representantes de la clase política los que más alardes de vulgaridad hacen en el tratamiento que le dan al Presidente de la República. Aunque, para ser justos hay que reconocer que éste tampoco se queda corto a la hora de lanzar epítetos y descalificaciones contra sus adversarios que ocupan los otros poderes del Estado.

A lo largo de la historia nacional numerosos presidentes de Nicaragua merecieron el respeto de la ciudadanía. Entre ellos se puede mencionar a Tomás Martínez y los presidentes del período llamado “de los treinta años conservadores”, de 1863 a 1893; Bartolomé Martínez, Carlos Solórzano, Juan Bautista Sacasa, René Schick Gutiérrez y Violeta Barrios de Chamorro.

Sin embargo se han destacado más los dictadores como José Santos Zelaya, los tres Somoza, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, a quienes la gente no los quería ni los respetaba, sino que les temía, además de que no pocos los apoyaban —y en los dos últimos casos todavía los apoyan— porque compartían con ellos el producto del saqueo del erario y de la corrupción gubernamental en términos generales.

Ahora, a como están los asuntos políticos del país tal parece que desapareció la posibilidad de que la institución presidencial vaya a ser respetada, y que se pudiera establecer alguna vez el día del Presidente.

En realidad, a menos que la ciudadanía pudiera tener la oportunidad de revocar en un referendo las reformas constitucionales que aprobó recientemente la Asamblea Nacional, a partir de ahora en el país habrá una especie de sistema de gobierno semipresidencial o semiparlamentario. O sea que las funciones del Presidente de la República serán más protocolarias que de gobierno efectivo, en tanto que la Asamblea Nacional además de la función legislativa y de control gubernamental, ejercerá también importantes y en algunos casos determinantes atribuciones administrativas.

De manera que aquí no se puede hablar de Día del Presidente, como en Estados Unidos, para honrar la institución presidencial y a las personas que la ejercieron en el pasado, sino en el sentido de que tal vez al Presidente le ha llegado su día, porque los diputados de los caudillos sandinista y liberal han decidido ajustarle las cuentas.

Editorial
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