Ernesto Tijerino Marín
La labor de los abogados es defender a sus clientes. Esto es legal dentro del sistema jurídico; es por eso que un abogado famoso en Juigalpa, el señor Julio Abaunza, defensor del asesino Eugenio Hernández, pistolero del Ayote, hizo precisamente su defensa a favor de su cliente. El señor Hernández fue alcalde en El Ayote, es miembro del PLC y según comprobó la juez, disparó premeditadamente contra una periodista profesional muy decente —María José Bravo— que cumplía con su labor habitual de informar sobre lo que acaecía en el territorio nacional, que es misión de todos los periodistas.
El pueblo de Nicaragua sabe que la justicia anda cabeza abajo. Por eso los medios de comunicación se han dado a la labor de no abandonarla. Como refirió Fabián Medina en su columna “En letra pequeña” —que si hubiera sido una persona no pública como lo es una periodista, este asesinato, como muchos otros asesinatos por locura política y por vicios del sistema jurídico, hubiera quedado impune—. El periodismo es la única esperanza que tenemos para limpiar la nación de la corrupción; por eso debemos apoyarlo y protestar contra la ley que levantaría los costos de producción de la información. Información llena de verdad y franqueza que apoya al pueblo engañado, utilizado y despreciado por los políticos y gobernantes del país más caótico y pobre económicamente de toda Latinoamérica.
El abogado defensor está peleando por su prestigio conseguido durante su carrera, invicto en todos sus pleitos; él sabe que es famoso en Juigalpa y en el departamento de Chontales. Puede ser muy grande como abogado, pero nunca será mayor que la verdad y la razón divina.
Es sabido que los abogados deben jugar con honor su papel como acusador o como defensor, pero ojalá el abogado de Hernández no piense que perdió un caso, sino que la justicia ganó. Él siempre será un gran abogado. Todos debemos responder por nuestros actos y responsabilidades. La justicia debe prevalecer se brinque o no se brinque.