Marvin Tórrez Gurdián
El artículo que escribió el periodista Roberto Pérez añade a mi punto de vista unos comentarios complementarios a la realidad que él expone, básicamente por el lenguaje utilizado para explicar el fenómeno que observó el Minsa en relación a los ataques de serpientes.
En primer lugar puede sonar inapropiado usar la palabra presa, digo esto refiriéndome a las líneas donde textualmente dice “… los hombres, por ser quienes más tiempo permanecen en el campo, son las presas favoritas de las serpientes”.
El término presa puede traer dos pensamientos a la cabeza: el primero es que las serpientes andan persiguiendo a los hombres para atacarlos, y el segundo que somos el plato predilecto de las serpientes. Este término por lo general se usa para los animales que son cazados por depredadores.
El caso de las serpientes que muerden a personas se da por un acto producido por miedo, y como se puede ver en las cifras ocho personas de 672 son las que han fallecido, lo que significa que la probabilidad de morir al ser mordido es de alrededor del uno por ciento de los casos, debido a que el ataque de la serpiente es únicamente para repeler al posible atacante, no necesariamente matarlo, además la serpiente tratará de huir antes de morder.
Es interesante aclarar que en Nicaragua, de las 98 especies de serpientes o culebras reportadas hasta el día de hoy, 13 son las pertenecientes a las dos familias de serpientes venenosas. De todas éstas, la que presenta el mayor número de agresiones es la terciopelo o barba amarilla, no así el cascabel, que tiene la costumbre de hacer el cascabeleo con su cola antes de morder, lo cual es beneficioso para los seres humanos, porque les da la oportunidad de detectar el animal y evitar ser mordidos.
No pretendo decir que las serpientes venenosas no son un peligro, sólo quiero poner un punto de vista debido a que la forma del artículo me pareció muy enfocado en el animal como un asesino. Siempre se debe recordar que el único animal que suele en algunas ocasiones mostrar afición a matar sin tener necesidad de comer a la presa, es el hombre.