La pesca de camarones y chacalines es en la actualidad la principal fuente de ingreso de las familias en Bismuna.

Bismuna bien puede llamarse La Comunidad del Olvido

Les resulta más fácil llegar a Puerto Cabezas por el mar que por tierra, pero eso aumenta el costo de la vida para los indígenas de Bismuna Amalia Morales En el mar no hay señales ni nomenclatura que indique la cercanía de algún asentamiento humano. Sólo uno que otro cayuco que batalla al nadar contra […]

  • Les resulta más fácil llegar a Puerto Cabezas por el mar que por tierra, pero eso aumenta el costo de la vida para los indígenas de Bismuna

Amalia Morales

En el mar no hay señales ni nomenclatura que indique la cercanía de algún asentamiento humano.

Sólo uno que otro cayuco que batalla al nadar contra la corriente frente a las costas, al norte de Bilwi, cuando puede se adentra en uno de los brazos de agua que lleva hasta Bismuna, una comunidad situada a pocos kilómetros de Cabo Gracias a Dios, cuarto sitio descubierto por Cristóbal Colón hace más de 500 años, ubicado a unos 600 kilómetros al noreste de la capital.

Una panga rápida llega en 20 minutos desde el mar al caserío, pero los cayucos se llevan horas recorriendo una laguna —en la que dicen hay manatíes— y los recovecos del río por el que cotidianamente sacan los chacalines que llevan al puerto regional de Bilwi, que en panga de motor regular está a cinco o seis horas.

En Bismuna no hay muelle donde atracar. Las embarcaciones avanzan hasta donde el agua y la arena lo permiten.

El río permanece habitado por niños medio flacos y medio desnudos que se bañan a la orilla de mujeres que lavan la ropa sobre una piedra con el agua a la cintura.

Las primeras de las 267 casas que integran la comunidad de Bismuna se alzan sobre un terreno fangoso, en el que corren chanchos y otros animales domésticos.

El suelo se vuelve firme sólo en la medida que se avanza por el caserío de colores y formas desordenadas, en el que abunda el árbol de fruta de pan.

Como es tradicional en las comunidades miskitas y mayangnas del Atlántico nicaragüense, las viviendas son cajas de madera construidas en zancos. En Bismuna no hay electricidad ni agua potable, la mayoría bebe del río y de pozos perforados en los patios.

En el caserío hay dos escuelas, una de primaria y otra de secundaria, donde los niños aprenden en un programa bilingüe, miskito y español, a partir de cuarto grado.

Una parte de los maestros son de la propia comunidad y otros de la cabecera regional.

En cuanto a la salud, hay un centro que en diciembre se quedó sin atención por falta de médico. Se fue de vacaciones. Y según los miembros del Consejo de Ancianos, en todo el poblado no existe pero ni una enfermera, por tanto cuando se enferma la gente acude a las yerbas y a la medicina natural.

Claudio Flores, juez suplente y miembro del Consejo de Ancianos del caserío, dice que ahí el principal ingreso de los 1,740 habitantes de origen miskito de esa comunidad, es la pesca de camarón y de chacalines, que acopian y luego venden en Bilwi, en donde también adquieren víveres que en la comunidad cuestan un ojo de la cara.

Un taco de jabón en este aislado caserío cuesta ocho córdobas y una libra de frijoles sobrepasa los 10 córdobas.

Distintos líderes de Bismuna aseguraron que uno de los grandes problemas es la falta de una carretera aceptable para abastecer con más regularidad al caserío, donde ahora un galón de combustible se cotiza en 80 córdobas.

El problema del transporte en esta zona es histórico. Desde los años setenta esta comunidad convive con el aislamiento, según sus líderes, pero en la actualidad se ha agudizado a tal punto que para llegar por tierra a Waspam —el pueblo más cercano— son entre ocho y 10 horas de viaje sobre unos fangales casi siempre intransitables que merecen la atención del Gobierno, que es la mayor demanda de los comunitarios.

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