Reflexión

Tito Lagos [email protected] Cada vez que me siento a escribir lo hago casi obligado por mi conciencia. Reconozco que no es prudente y que sería mejor seguir la corriente de los acontecimientos. Pero existe algo dentro de mí que se resiste a ser una oveja más de la manada. Siempre he tenido a Jesús de […]

Tito Lagos [email protected]

Cada vez que me siento a escribir lo hago casi obligado por mi conciencia. Reconozco que no es prudente y que sería mejor seguir la corriente de los acontecimientos. Pero existe algo dentro de mí que se resiste a ser una oveja más de la manada.

Siempre he tenido a Jesús de Nazareth como mi personaje inolvidable. He procurado seguir sus pasos, aún cuando me he encontrado con que es más fácil no oponerse a los poderosos. Pero me sorprendió en extremo que mi muy respetado y apreciado cardenal Miguel Obando y Bravo hiciera una entrada triunfal en la cueva de los “padres de la Patria”, quienes lo ovacionaron de pie atronadoramente por varios minutos. No pude en ese momento dejar de recordar aquel pasaje bíblico de tu entrada al templo Señor, sólo que quienes te apoyaban ese día eran 12 harapientos y temerosos apóstoles. El resto (los poderosos), lejos de aplaudirte, inició la conspiración para crucificarte.

Qué extraño, reflexioné, en mi linda Nicaragua los poderosos son los que ovacionan al representante de Cristo. Qué extraño que siendo la pobreza la mayor de las calamidades de mi país, sea el representante de los pobres el que recibe mayores aplausos y precisamente en la casa de quienes tienen a la Patria inmersa en esa miseria. ¿Qué estarán tramando esta vez los poderosos en contra de tu representante y de tu pueblo, Señor? Y vos, hermano, ¿qué esperás para despertar?

“Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los buenos”, dijo Mahatma Gandhi. Los nicaragüenses que residimos en el exterior debemos demostrar nuestra preocupación por el destino de la Patria a nuestros familiares y amigos, cada vez que enviemos dinero o hagamos una llamada. Somos nosotros, los nicas en el exterior, los que sostenemos la maltrecha economía de nuestra tierra.

Cartas al Director

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