En defensa del Cardenal

José Castillo Vanegas Con mucha preocupación veo que este Diario que dirigió por tantos años el mártir de la verdad, doctor Pedro Joaquín Chamorro, se presta para que un escritor anticatólico como el señor César Augusto Bravo Vargas publique un artículo ofensivo, injurioso y con diatribas contra Su Eminencia Reverendísima, monseñor Miguel Obando y Bravo. […]

José Castillo Vanegas

Con mucha preocupación veo que este Diario que dirigió por tantos años el mártir de la verdad, doctor Pedro Joaquín Chamorro, se presta para que un escritor anticatólico como el señor César Augusto Bravo Vargas publique un artículo ofensivo, injurioso y con diatribas contra Su Eminencia Reverendísima, monseñor Miguel Obando y Bravo.

En la edición del domingo 26 de diciembre, este señor dice que el Cardenal rechaza su origen humilde y que desea en algún momento haber nacido rubio, ojos azules, y de algún país poderoso como Francia, Italia o Estados Unidos. Injuria más grande como ésta no puede existir, porque el Cardenal nunca se ha afrentado de su extracción humilde, campesina, y siempre ha hecho gala de ésta al referirse a su vida pastoral al lomo de bestia cuando le tocaba predicar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo en los caminos de Matagalpa, Boaco y Chontales. Este señor pretende desacreditar al Cardenal poniendo deseos que nunca ha manifestado ni en público ni en privado. Por lo tanto es una vil injuria contra su persona.

También señala que el Cardenal recibe jugosos emolumentos cuando asiste a inauguraciones. Sobre lo anterior nunca el Cardenal y la Iglesia Católica estipulan tarifas, ni por milagros, ni por misas o cultos religiosos, incluyendo inauguraciones. Antes bien, son las sectas separadas de la Iglesia Católica las que fijan tarifas basadas en el diezmo (10% de los ingresos de los fieles) porque bajo el principio del bien común es deber de la Iglesia Católica asistir a sus fieles en los actos de conmemoración o de inauguración, y los ingresos de la Iglesia están basados en la contribución voluntaria y caritativa de sus fieles, y contribuciones voluntarias especiales para determinados fines especiales (construcción de templos), lo mismo que donativos. Si la Iglesia Católica fijara tarifas y fuese una obligación de sus fieles pagar por un servicio, y no una contribución voluntaria a como lo es en la actualidad en todos los actos de la Iglesia, se desnaturaliza el camino universal de la Iglesia como cabeza de Cristo. Y muy probablemente la Dirección General de Ingresos estaría efectuando un reparo fiscal por no haber declarado sus ingresos percibidos por los servicios prestados. Quizás a esto es que el señor Augusto Bravo Vargas aspira en contra de la Iglesia, cuando hace ese tipo de señalamientos injuriosos.

Cuando señala que la Iglesia y el Cardenal no deben meterse en política, le recuerdo al señor Bravo Vargas que Su Eminencia Reverendísima, junto con el Episcopado, sólo cumplen con el deber de ser mediadores de los que gobiernan, orientadores del bien común en beneficio de su pueblo, tal como lo hizo Jesucristo cuando predicó aún en contra de los romanos, (Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César) entregando lo más valioso del ser humano: el sacrificio de su vida. Por lo tanto, la Iglesia Católica tiene el deber de señalar el camino a los gobernantes en base al principio del bien común a favor del pueblo, lo que no es política partidista como señala en forma errónea y maniquea el señor Bravo Vargas.

Por último quiero dejar sentado que en este año de la Renovación Eucarística, denominado así por el Santo Padre, los corazones que destilan odio en contra de los líderes de la Iglesia Católica logren descubrir el sacrificio de Cristo y el nacimiento de Belén en la Eucaristía y esto les devuelva la paz en sus corazones.

Comunidad Renovación Católica de Don Bosco.

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