Eloísa Otero de Palma
En esta época, cuando las familias nicaragüenses se encuentran más unidas celebrando la llegada al mundo del Niño Jesús, nos encontramos tan ajenos a la realidad que viven todos esos niños y niñas que no tienen un hogar, que no tienen una cena navideña, quienes en sus oraciones manifiestan su más anhelado deseo: tener una familia.
Estos niños y niñas son aquellos que viven a la espera de un padre y una madre en “hogares”, donde no dudo que son tratados con todo el cariño y el amor por quienes dedican su vida a cuidarlos y brindarles todo cuanto está a su alcance. Sin embargo, habiendo tantos pequeñitos dentro de un centro, y por más amor que les brinden, ese amor no puede sustituir el amor de unos padres, de una familia, que en especial en estas fechas se siente aún más su ausencia.
Muchos de estos pequeñines crecen y viven toda su infancia en estos “hogares”, pero muchas veces no necesariamente porque no haya quienes deseen adoptarlos, y éste precisamente es mi caso.
Por razones biológicas mi esposo y yo no podemos tener hijos, pero deseamos adoptar uno. El problema es que no he cumplido los 25 años y ni siquiera me dejan llenar la solicitud de adopción, aunque llenemos los otros requisitos.
Lo peor del caso es que una vez que se inician los trámites de adopción, éstos demoran varios años, por lo que los niños crecen sin una familia.
Me pregunto: ¿es justo para estos niños y niñas crecer y vivir dentro de estos centros, aun cuando hay parejas que desean adoptar y poseen las condiciones tanto físicas, económicas y mentales para criarlos dentro de una familia? ¿es justo para matrimonios como el mío esperar tanto tiempo sólo para tener los famosos 25 años?
Pido a quienes tengan en sus manos hacer un cambio, que lo hagan; por amor a Dios, dejen que en estos hogares al igual que nace el Niño Jesús, nazca de igual manera la esperanza de formar un hogar, una familia.