Salvador Pérez
Hoy que los nicaragüenses y demás hermanos cristianos del mundo nos preparamos para celebrar la llegada del Mesías como nuestro único Salvador, y para bien estrenar el año nuevo 2005, pienso en este preciso momento que realmente vale la pena que nuestros gobernantes y gobernados en toda la Tierra tratemos de construir una sociedad universal cada vez mejor, en la que abunden las igualdades de oportunidades para que cada ser humano goce de una buena calidad de vida, en donde prevalezcan siempre el amor, el trabajo y la paz para nuestros semejantes, independientemente de su nacionalidad, raza y credo religioso.
No es posible que existan todavía muchísimos niños y ancianos abandonados a su suerte, ante la gran indiferencia no solamente de sus familias sino que también del llamado prójimo. Como dijo una día la Madre Teresa de Calcuta (q.e.p.d.), la humanidad entera tiene hambre de amor.
¡Feliz Navidad y Año Nuevo 2005!