- Médicos todavía no saben si podrán salvar el resto de la mano de la niña
- Explosión ocurrió a escasos metros de su vivienda mientras estaba acompañada de sus hermanitos
Roberto Pérez Solís
Su inocente curiosidad infantil le dejará cicatrices físicas y emocionales, para toda la vida.
Ayer, mientras la mayoría de los niños del país disfrutaban de los obsequios navideños recibidos, miraban dibujos animados por la televisión o simplemente descansaban en sus hogares, Gabriela Sandoval Delgadillo, de nueve años, decidió hurgar entre los restos de triquitraques que habían quedado cerca de su vivienda; después de haber sido “explotados” a la medianoche del 24 de diciembre.
Eran las ocho de la mañana, la niña, quien vive en el municipio de Las Banderas junto a su madre Maritza Delgadillo y nueve hermanos, encontró entre los desperdicios una bomba, la que pocos minutos después de estar siendo manipulada, explotó sin misericordia en su mano derecha.
La intensidad de la explosión provocó una amputación parcial de su mano según explicó la doctora Martha Balladares, jefa de la Unidad de Quemados del Hospital Fernando Vélez Paiz. Los dedos pulgar, índice y medio desaparecieron y los dos restantes están seriamente lesionados.
“Hay un trauma importante porque hay lesión de huesos y músculos. Vamos a fijar los huesitos que aún tiene, vamos a tratar de identificar el daño completo porque todavía no está identificado, confío en Dios que lo que resta de su manito se le va a reconstruir”, dijo la doctora Balladares.
Además de Gabriela una niña de ocho años ingresó al hospital con quemaduras de segundo grado en sus brazos y abdomen, al estallarle un “arbolito de Navidad”. En todo diciembre se reportan nueve niños quemados por pólvora.
MADRE HORRORIZADA
Maritza Delgadillo, madre de Gabriela, cuenta que desde el interior de su vivienda escuchó una fuerte explosión, sin imaginarse la tragedia que viviría después.
“Los chavalos salieron corriendo a avisarme que la niña tenía desbaratada la manito”, relataba ayer la señora sin poder detener las lágrimas.
“La tomé en mis brazos toda ensangrentada, viera que horror el que sentí en ese momento, no he sufrido tanto dolor como el de ahorita”, añade.
¡CUIDADO!
“Es la misma historia de siempre, los niños encuentran la bomba que no estalló, comienzan a manipularla y les estalla. Los padres deben cuidar mejor a sus hijos. Estas tragedias son lamentables”, comentó Martha Balladares.
la manito destrozada de la pequeña Gabriela Sandoval.