- El procurador Alberto Novoa hace una valoración sobre la lucha contra la corrupción. Reconoce altos y bajos en ella, errores del pasado y el presente. Afirma que seguirá dando la batalla, aunque dice que están luchando contra un sisema judicial politizado
Jorge Loáisiga Mayorga
El Procurador General de la República, Alberto Novoa, es un hombre optimista. Ve triunfos donde ha sido derrotado. Dice que lo que a simple vista se ha visto como un revés —los juicios contra los corruptos—, han sido victorias políticas porque a éstos no los enjuiciaron tribunales parciales.
“Nosotros estamos luchando contra todo un aparato partidario en la parte judicial”, asegura.
Novoa, que fue contratado para llevar el caso del estatal Canal 6, luego despedido y recontratado como Procurador General, asegura que el presidente Enrique Bolaños no se ha equivocado en su lucha contra la corrupción, ni por haber llevado a la cárcel al ex presidente Arnoldo Alemán.
“El presidente Bolaños hizo lo correcto al ver al pasado y tratar de corregir la corrupción que dejó el gobierno anterior y es por eso que le están pasando la factura”.
Novoa se refiere a la organización política del ex presidente Arnoldo Alemán, como un “instituto corrupto” que, según él “ha sido severamente golpeado”, aunque reconoce que ese instituto corrupto tiene suficientes fuerzas para pactar y salvar las responsabilidades de su líder.
¿Cuál es su valoración de la lucha contra la corrupción que emprendió el gobierno de Enrique Bolaños hace dos años?
En primer lugar hay que decir que la corrupción como tal se había institucionalizado y siendo un fenómeno que se miraba “como normal”, pero a la par de esto ha emergido un fenómeno jurídico social, con matices políticos muy acentuados, que es la lucha contra la corrupción. Ésta emerge en un momento en el cual el instituto corrupto estaba pasando sus mejores momentos, y emerge con voluntad, pero sin un plan estratégico, mirando únicamente la parte correctiva y las metas, no por voluntad del actor sino por las circunstancias que se concentran en el forjador, el guía, o el capitán del instituto corrupto, pues todos los caminos llegan hacia él y no se busca, en la lucha contra la corrupción a un objetivo específico, sino que las propias circunstancias establecen que los caminos vayan hacia el señor Arnoldo Alemán.
Tiene su importancia, ya que lo que debió haberse resuelto en el plano eminentemente jurídico se ha mutado, hasta ser resuelto en el plano eminentemente político-partidario.
Esa mutación ha tenido diversas manifestaciones que dan la sensación de que en determinado momento se retrocede, que en otro momento alcanza logros significativos. Sin embargo, yo creo que como toda etapa evolutiva, siempre tiene una curva, una espiral ascendente. Ya el instituto corrupto ha sido desarticulado. Eso no significa que los remanentes no tengan la fuerza para poder sobrevivir, pero la organización como tal ha sido severamente golpeada y ha tenido que refugiarse, el capitán de ellos, en las alianzas, con pactos políticos para salvar parte de las responsabilidades políticas que aún le quedan.
Pero eso no parece ser así, yo lo veo a usted muy optimista. Por el contrario todo parece haberse perdido en la vía judicial, parece que toda la lucha contra la corrupción fracasó, y las dos únicas personas que están “condenadas” gozan del beneficio de casa por cárcel, y uno de ellos hasta tiene todo el territorio nacional como cárcel.
Ésa es una de las facetas obscuras de la lucha contra la corrupción. Entendiéndola a ésta integralmente, no por parte de los actores, sino también de las personas que tienen que decidir y que de una u otra manera, por respetar el Estado de Derecho se ha tenido que aceptar, aunque a todas luces esto haya sido injusto.
¿Se refiere a los jueces y magistrados?
Por supuesto.
¿Jurídicamente cómo ve esas sentencias de los jueces y veredictos de los jurados de conciencia?
La mayor parte de esas sentencias han estado alejadas del derecho y más cerca de la parte política y si usted va a medir parámetros jurídicos, va a encontrar que las pruebas exceden en demasía los resultados jurídicos o sentencias que se han obtenido. La mayor parte de jueces o tribunales han volteado la cara ante las pruebas y han tomado las partes más débiles del aspecto probatorio, para señalar que allí estaba el fundamento de la acusación y que eso no fue comprobado.
Eso se traduce en un revés.
No lo considero un revés. Revés sería si hubiese un instituto jurídico (Poder Judicial) imparcial. Si fuésemos apegados a la ley, y conforme a la imparcialidad del juez hubieran demostrado la inocencia, eso sí sería un revés, pero hay muchas sentencias injustas que enorgullecen a quien pierde, porque se demuestran las responsabilidades pero los resultados no han sido, lógicamente, los que en cualquier sistema hubiesen podido darse. Esto demuestra que el Poder Judicial no estaba preparado para soportar esto, no dio las respuestas para ello, muy grande les quedó la camisa.
¿Cree usted que eso se debe a la composición que tiene el Poder Judicial o a otros factores?
Eso se debe a la cultura de tomar el Derecho como un objeto y no como un sujeto. Es decir, de instrumentalizar el Derecho. Es una cultura que arranca desde la Colonia. En tiempos de Somoza un sargento mandaba más que un juez. En tiempos del sandinismo un comandante mandaba más que la Corte Suprema y ahora nos encontramos, culturalmente con un Poder Judicial débil, raquítico y sin capacidad de verse hacia adentro, y además de eso cómo está compuesto y la forma cómo se compuso y para qué se compuso así.
El pacto era para resguardarse las espaldas. Para que el día de mañana cualquiera de ellos no fuera enjuiciado por un tribunal independiente. La independencia del Poder Judicial es peligrosa para estos intereses.
¿Y qué puede hacer la Procuraduría desde la otra acera?
En la otra acera tenemos que agotar todos los espacios jurídicos para hacer prevalecer ante la sociedad y por la historia que se han agotado. Aunque a mí no me sorprenden estas sentencias, sé que de antemano ya están prefabricadas. Tampoco quiero decir que todo el Poder Judicial está signado por el pacto, la corrupción. Hay jueces honestos, pero la estructura en sí no ha podido dar respuestas, no han podido ponerse sus pantalones o sus faldas, sino que han tenido que obedecer cómo van a fallar, qué es lo que debe fallar y cuándo fallar, buscando los momentos políticos que más les convengan a uno u otro pactista de las cúpulas partidarias. Eso ha hecho perder la confianza en el Poder Judicial, al grado que la última encuesta lo señala con un 84 por ciento de falta de credibilidad.
¿En la calle se opina y se siente que Daniel Ortega es el que maneja el Poder Judicial, cuál es la percepción del Procurador?
Lo que yo pienso es que está repartida. Ortega y el otro (Arnoldo Alemán) tienen una determinada influencia en el Poder Judicial. En el Tribunal de Apelaciones vos ves a la Sala Uno con un signo y a la Sala Dos con otro signo. Si te vas a los jueces ves que uno es de tal partido y otro del otro partido. No se reparten por méritos. Se reparten por confiabilidad política para guardar sus intereses.
Pero también da la impresión de que el Gobierno y la Procuraduría han estancado la lucha contra la corrupción y están arrinconados.
Hay que reconocer que no es el estancamiento actual, sino de todo un manejo que se ha hecho desde que arrancó la lucha contra la corrupción. Los zigzag, los altos y bajos, lo flujos y reflujos, pero sí puedo decir algo y lo digo con toda sinceridad y es que cuando asumí este cargo fue una posición clara de que quiero agotar hasta donde sea posible esta lucha.
¿Pero tienen cinco o siete casos en la Dirección de Auxilio Judicial y parece que no avanzan?
Sí, parece que no avanzan. Hacemos todo lo posible, pero no todo depende de nosotros, dependen de otros factores. Entiendo que los corruptos son poderosos, pero ante el poderío de los corruptos hay un poderío ético.
Pero eso no parece ser suficiente.
Usted me dice que no avanzan, yo le digo que sí avanzan, pero tenemos todo en contra: al sistema, al sistema judicial, a la Fiscalía, a los defensores, etc.
¿La Policía?
Noooo. Yo me enorgullezco de la Policía que tenemos. Ellos tienen sus limitaciones.