Historia del árbol de Navidad

Simón Moraga Calero*

Roman, Times, serif»>
Historia del árbol de Navidad


Simón Moraga Calero*




Las especulaciones sobre el origen del árbol que generosamente se hospeda en las casas para las fiestas decembrinas, son variadas. Algunas se apegan a la historia y otras son productos de la inventiva de los seres humanos, en un afán de justificar o de explicar esta tradición milenaria.

Los árboles han tenido un significado místico en las culturas antiguas. La Sagrada Biblia, al inicio, en el libro de Génesis, menciona la aparición del árbol donde se daba el fruto prohibido por Dios. Los germanos argumentaban que un árbol inmenso, gigantesco, sostenía el mundo y que en sus ramas se posaban las estrellas, la luna y el sol; de aquí se deriva la idea de adornar lumínica- mente los árboles de Navidad.

En nuestra América de antes y después de la conquista de España, los árboles tuvieron siempre un protagonismo muy particular. Los indios mesoamericanos tenían al “ahuhuete”, como árbol sagrado y allende nuestro continente, en la Europa Central, tenían árboles por donde se reunían para entrar en comunión con Dios.

Muchas personas también creen que el árbol de Navidad es de origen romano, aunque se carezca de pruebas al respecto. Algo que sí es cierto es que los antiguos egipcios celebraban el fin de año con una ceremonia en la que llevaban una penca de palma que tenía doce hojas. Al terminarse la ceremonia encendían la punta de cada hoja y, apilándolas todas en forma de pirámide, formaban una hoguera en honor al Dios Thot.

Sin estar históricamente documentado, se cuenta que un misionero inglés en Alemania, allá por el siglo VII, comprendió que el significado que los árboles tenían en los ritos paganos, impediría desistir esa costumbre. Fue entonces que de manera inteligente incorporó el árbol al cristianismo al relacionarlo con el nacimiento de Jesús e incentivar su ornamentación.

Pero la historia, con los primeros documentos, nos indica que fue hasta el siglo XVI y XVII que se dan las primeras colocaciones de árboles de abeto o de pino en la región Alsacia, que se encuentra entre Alemania y Francia. Exactamente el día 24 de diciembre los niños eran llevados para juguetear y divertirse en las afueras, mientras se dedicaban a decorar el árbol con dulces y juguetes; cuando los niños regresaban eran sorprendidos con ese árbol, dando por así iniciadas las festividades de Navidad.

A la reina Victoria le pareció muy hermosa esta tradición franco germana y la llevó a Inglaterra dándole un toque más formal al hacer decorar el árbol con finos adornos. Esta serie de sucesos es la que se toma como el origen de lo que hoy conocemos como “el arbolito navideño”.

La verdad es que en la actualidad el icono del árbol navideño ha trascendido todas las fronteras del mundo, convirtiéndose en un elemento casi obligatorio en los hogares, centros comerciales, restaurantes, tiendas y muchos otros lugares públicos. Un símbolo con una fuerza tan impresionante que nos es de extrañar verlo en un ambiente musulmán o de cualquier otra religión que no sea la cristiana.

Tiene una magia propia que coquetea con la inocencia de los niños los que de manera espontánea asocian al árbol con regalos golosinas y una noche agradable.

Las mujeres por lo general se esmeran en que luzcan hermoso, brillante, lumínico, imponente… es un elemento de unión en la familia. No importa si es un árbol hermoso e importado comprado con solvencia económica o es un pequeñito confeccionado artesanalmente por manos humildes de nicaragüenses y que se venden favorablemente en los mercados del país.

Lo importante del arbolito de Navidad es ponerlo visible, aunque sólo le alcance una extensión de bujías, lo que vale es que nos sentimos en Navidad y que ilumine nuestro alrededor gritándonos silenciosamente: llegó Navidad.

* El autor es presidente de junta directiva de COVILACO R.L.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí