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Iniciativa “bella y consoladora”
El martes 7 de diciembre corriente LA PRENSA publicó —en la sección Departamentales— la noticia acerca de una jornada para incentivar el hábito de la lectura que se llevó a cabo en algunas poblaciones de la zona sureste de Nicaragua. Según dicha información, 160 niños de educación primaria “fueron objeto de reconocimientos en un acto cultural presidido por encargados y autoridades de la Biblioteca Nacional Rubén Darío”, acto que se celebró en la Universidad Ave María College de San Marcos, institución que auspicia ese proyecto cultural.
El fin de esa jornada, se dijo en la información, es “promocionar el hábito de la lectura en los niños de forma permanente” y, lo que es más importante, “se pretende expandir esta experiencia a nivel nacional”.
Por cierto que esa misma semana el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, en la columna de opinión que escribe quincenalmente para LA PRENSA y se publica los jueves, señaló que el “vicio” de la lectura es la única droga recomendable. “… Quien no aprende nunca a leer, quien no se vuelve desde temprano un vicioso de los libros, no sabe de lo que se pierde. Se expondrá a llevar una vida mutilada y, a lo mejor, amarga, igual que la de los censores, lejos de los espejismos y los fragores de la imaginación”, escribió Ramírez Mercado.
También algunas empresas privadas (como Editorial La Prensa S.A. y Banco Uno), lo mismo que entidades de la sociedad civil (Academia de Historia y Geografía de Nicaragua) e instituciones del Estado como el Banco Central, hacen encomiables esfuerzos e inversiones en programas de promoción de la lectura, con la clara comprensión de que la educación es la clave para salir del atraso y la pobreza e impulsar el desarrollo; y en el entendido de que en el corazón de todo esfuerzo educativo y cultural debe estar sin falta el buen hábito de la lectura.
Al respecto, esta semana el renombrado escritor italiano Humberto Eco (autor de los famosísimos libros El nombre de la Rosa y El péndulo de Foucault, entre otros), escribió en un artículo que fue publicado en los periódicos L’Espresso, de Italia, The New York Times, de Estados Unidos y La Nación, de Argentina, que fomentar la lectura y el hábito de leer es una iniciativa “bella y consoladora”. Eco evocó el lema de que “un hombre que lee vale por dos”, mencionó experiencias dignas de imitarse como la del programa Fahrenheit en una radioemisora italiana llamada Radio Tre, “que invita a sus oyentes a dejar los libros que aman en los andenes o en los autobuses para que otros los encuentren y se sientan tentados de leerlos”; y de los padres que acostumbran a sus hijos a tocar y ver los libros lo más pronto posible, antes de empezar el preescolar; que los inducen a manipular los libros, a hojearlos, a ver las ilustraciones, y les leen los pies de fotos y cuentos breves en voz alta.
En realidad, según los especialistas en puericultura o educación infantil de pre-primaria, el estímulo sostenido y el hábito encarnado de la lectura son los que generan al lector. Y quien adquiere desde esa etapa infantil el buen hábito de la lectura, llega a ser un buen ciudadano: educado, culto, capacitado, excelente trabajador, agente de cambio y promotor de desarrollo, así como promotor de la libertad, la democracia, la tolerancia y la paz social.
Está comprobado que la persona que no lee reduce su imaginación, no desarrolla su inteligencia ni cultiva su talento, desperdicia sus posibilidades de crecimiento intelectual y espiritual, y se vuelve vulnerable a la manipulación. Una persona que no lee puede vivir, tiene capacidad para operar en la realidad pero no puede comprenderla. Y si no comprende la realidad mucho menos que pueda transformarla, que es lo único que hace posible el desarrollo de los individuos y el progreso material y social de las naciones.
Es sumamente alentador saber que hay quienes —personas, empresas e instituciones— fomentan el hábito de la lectura entre los niños particularmente, pero en la población en términos generales. Eso quiere decir que en Nicaragua hay todavía esperanza, a pesar de todo.