Jorge Ulises González Briones
El concepto de democracia en Nicaragua ha sido manoseado y conceptualizado por los intereses de los dos grandes partidos políticos, al límite de pensar que el voto que depositamos en las urnas es un cheque en blanco para hacer todo lo que a ellos se les ocurra. Desgraciadamente es legal, lo que no significa que sea justo.
El término de democracia representativa es una utopía, porque la mayoría de la población no se encuentra identificada con los actuales diputados; y para muestra un botón con el 50 por ciento de las personas aptas para votar y se abstuvieron por el desencanto de la propuesta política de sus partidos. Ésta fue una de las grandes lecciones que nos han dejado estos comicios recién concluidos.
Debería reformarse este sistema que no nos está dejando nada, y debería ser elegido un diputado por cada municipio, y dividir el sueldo de los actuales diputados entre el total de municipios del país.
El desarrollo de la historia de nuestra nación nos ha puesto irremediablemente en una encrucijada, porque no estamos cívicamente organizados y conscientes de lo que podría significar una “democracia directa”, mucho menos un Estado parlamentarista, ésta ha sido la propuesta insistente de la izquierda, la cual no ha propuesto un liderazgo coherente, eficaz y agradable para conquistar adeptos. Esto se evaluará al concluir el período de las municipalidades ganadas por este partido político.
El otro sector, la derecha, no deja ver indicios de cambios en su agenda política, enfrascados en la liberación de su máximo líder y advertidos por su fiel aliado Estados Unidos que esa conducta no les traerá frutos para seguir en el poder.
Los diputados se deben a nosotros los ciudadanos que pagamos con nuestros impuestos su salario y que con nuestros votos ocupan un lugar que ahora es decisivo para no interrumpir la institucionalidad de nuestro Estado.