Centenares de fieles católicos rezan los Misterios Dolorosos, del santo Rosario, en la calle El Arsenal, durante el cierre del novenario en honor a la Inmaculada Concepción de María, en Granada.

Granada celebró con fervor

Arlen Cerda/Corresponsal GRANADA.- La religiosidad es uno de los sellos indiscutibles de Granada. Esta afirmación supera la presencia de sus fascinantes templos católicos para resultar de la devoción cristiana de la mayoría de sus habitantes, quienes cada año se desbordan por las calles para acompañar a la Inmaculada Concepción de María durante su singular novenario. […]

Arlen Cerda/Corresponsal

GRANADA.- La religiosidad es uno de los sellos indiscutibles de Granada. Esta afirmación supera la presencia de sus fascinantes templos católicos para resultar de la devoción cristiana de la mayoría de sus habitantes, quienes cada año se desbordan por las calles para acompañar a la Inmaculada Concepción de María durante su singular novenario.

En Granada lo tradicional es rezar y cantar a la Virgen, pero muy poco se acostumbra brindar la “gorra” como se hace en León o Managua.

Sobre las celebraciones granadinas en honor a La Purísima, el padre Guillermo Blandón, canciller de la Diócesis de Granada y párroco de la Iglesia Espíritu Santo, asegura que “la gente dice que los granadinos somos pinches porque no damos nada en las celebraciones de La Purísima, como sí lo hacen León y Managua, pero sólo se trata de dos formas distintas de honrar a María”.

“Nosotros la celebramos desde el 28 de noviembre hasta el 8 de diciembre, con cantos, misas, comuniones, confesiones, procesiones multitudinarias, todo un mundo religioso que le ofrece lo mejor a María santísima. Es nuestro estilo, no hay saco, que es bonito, pero no nos falta religiosidad, no somos paganos”, sostiene. “Estamos orgullosos de nuestro ambiente y celebración y de ser únicos en nuestro estilo de alabanza”.

Doña María Elena Morales, de 52 años, recibe desde hace 16 años a la Inmaculada Concepción de María en la calle El Arsenal, donde ayer concluyó en Granada la novena en honor de la patrona de Nicaragua. Por casi cuarenta y ocho horas la amplia puerta de su casa permaneció abierta de par en par, recibiendo y despidiendo multitudes agitadas que participaron de la celebración.

La tradición de la mayordomía de la Inmaculada Concepción de María en la calle El Arsenal le fue cedida a doña María Elena Morales por doña Josefina Torrente. “Yo trabajaba con doña Pinita en la celebración de la Virgen el primer año que a El Arsenal le tocó cerrar el novenario, en 1986, y siempre me decía que ella nunca iba a ver ese 7 de diciembre y que yo tendría que encargarme de la celebración, pero yo le contestaba que no pensara esas cosas”, recuerda doña María Elena.

Sin embargo, a un mes y medio de iniciar el novenario, doña Pinita fue arrollada por una camioneta mientras cruzaba la calle La Calzada. Así fue que se encargó doña María Elena de la mayordomía en la calle El Arsenal. A pesar de un asma que le agobia, doña María Elena no descansa en todo el año para cumplir su compromiso de honrar a La Purísima.

“Ella dispone todo. Es única como madre, ella nos sostiene de la mano. Sin Dios y María no somos nada”, dice difícilmente limpiándose las lágrimas que corren por su rostro al recordar el amor que le transmite la Inmaculada, y el orgullo que le produce celebrarla.

LA FESTIVIDAD

Desde las seis de la mañana del 6 de diciembre, la calle El Arsenal estuvo envuelta en los preparativos finales para recibir a la “Conchita”. Por el día, las horas transcurrieron ligeras en limpiar calles, instalar luces, colocar flores y adornos, decorar el altar y hasta retocar la pintura de algunas viviendas. Al caer la noche el ambiente se tornó festivo, para organizar la diana a la Virgen.

En la mañana del 7 de diciembre, la Inmaculada entró a recorrer las calles Corrales, El Ganado, El Martirio, Pablo Antonio Cuadra y sus alrededores, recibida con villancicos y rezos, hasta ocupar su espacio en el altar decorado por Pedro Cabrera, quien ha trabajado siempre junto a doña María Elena.

Al final de la calle El Arsenal se divisaba la sagrada imagen venerada por los granadinos, acompañada por los doce apóstoles, y Jesucristo a la cabeza. El altar en recuerdo del Antiguo y Nuevo Testamento, porque “hay que sentir, recordar y estar con María a través del Evangelio”, dice doña María Elena, estaba rodeado de la gente de los barrios aledaños que entonaban alabanzas para partir luego en una procesión multitudinaria.

LA RELIGIOSIDAD GRANADINA

Según el padre Guillermo Blandón, canciller de la Diócesis de Granada y párroco de la Iglesia Espíritu Santo, el propio obispo Bernardo Hombach está asombrado de la religiosidad de la ciudad. “Yo he comentado con monseñor Hombach las celebraciones de La Purísima, y él está sorprendido, admirado de la manifestación popular de los fieles en las calles, de su participación. Él se va de incógnito a las procesiones y está maravillado de ver a tantos jóvenes acompañando a la Virgen”, asegura el sacerdote.

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