Pedro Rafael Gutiérrez Doña
No es la primera vez que sale en los medios de comunicación el señor Jorge Bolaños, hijo del Presidente de la República, criticando duramente la vida política de su padre. Si bien es cierto que como hijos tenemos gustos y puntos de vista diferentes al de nuestros padres, por respeto a su padre el señor Jorge Bolaños debería reservarse sus críticas y discutirlas en privado, como toda familia. Convertido en el cuasi vocero del FSLN, el señor Jorge Bolaños adorna con una pesada verborrea las políticas unilaterales y coquetea con la dirigencia sandinista, la posibilidad de ser uno de sus cuadros.
Doctor en agricultura, el susodicho es un desempleado más, no porque no tenga capacidad para desempeñar un buen cargo sino que encarna el verso bíblico de honrar a padre y a madre, el que ha violado constantemente al irrespetar públicamente a su papá, recibiendo a cambio su difícil realidad.
Lo que no entiende este señor, es que el pueblo de Nicaragua no ignora el bien o el mal que está haciendo el Presidente y que las decisiones que tome son para el bien de todos los nicaragüenses y el pueblo lo demandará por sus actos.
Ahora, sé por qué no es Ministro de Agricultura o asesor presidencial. Ahora sé por qué no lo toman en cuenta en la familia ni en el Gobierno: por su filosofía de la “oveja descarriada” como se autodenomina, filosofía que lo tiene adulando a la oposición y empantanado en la crítica estéril al Presidente.