Alina Lorío L.CORRESPONSAL/NUEVA SEGOVIA
A manera de experimento cuatro productores de Dipilto, Nueva Segovia, incursionaron a mediados del año 2001 al cultivo de fresa. En el camino otros se incorporaron. Hoy consideran que han tenido éxito, pero han tenido también que transformar el fruto en mermeladas, jugos y vinos para ubicarla en el mercado nacional.
Dipilto es uno de los 12 municipios del departamento de Nueva Segovia, conocido por su vocación forestal, la caficultura, bellezas escénicas naturales que lo convierten en un potencial turístico y con ventajas extraordinarias por su ubicación en la frontera con Honduras y su agradable clima.
El cultivo no tradicional fue en su momento la alternativa de sobrevivencia frente a la crisis en el precio rubro por excelencia, el café.
Los productores, que por tradición han dedicado la vida entera al café y la madera, han logrado irrumpir en el sistema de diversificación de cultivos en sus fincas, muchos de ellos con la asistencia técnica y financiera del organismo no gubernamental Auxilio Mundial, pionero en la instauración de los cultivos no tradicionales en este territorio.
El cultivo de uva, fresa, manzana, mora, durazno, piña, aguacate, cítricos y otros han logrado establecerse en muchas fincas dipilteñas, paralelamente al café, a los granos básicos y al ganado. ¿Qué hacer con lo que producen?, fue la pregunta que generó iniciativas de mercadeo y comercialización entre los productores con el propósito claro de sacarle provecho o frutos a su trabajo.
Primero fue la elaboración del vino de uva, que hasta hace cuatro años era un mundo apenas descubierto para muchos productores de esta zona norte, una novedad. Hoy es una actividad más, que despertó también razones para hacer vino de otros cultivos no tradicionales que también se han insertado a la economía local.
VINO EN FAMILIA
La novedad es hoy la elaboración del vino de fresa, la exótica fresa, que una sola familia de la comunidad de El Horno está tratando de incursionar en el mercado local.
Apenas en un octavo de manzana de la finca La Dueña, en la comunidad de El Horno, Ronaldo López, de 28 años, y su padre cosechan la fresa. Alrededor de este cultivo tienen frijoles, aguacate, manzana, durazno, piña, yuca, chayas, cítricos y hasta un estanque para la producción de tilapias.
En las parcelas cosechadas en Dipilto pueden observarse de tres a cuatro variedades de fresas, entre las que se destacan: Oso Grande, un fruto redondo de buen tamaño y sabor; Parker, un fruto más aplanado, su consistencia más firme y con más concentración de azúcar; y el Chandler, redondo, pero un poco más puntiagudo y un poco más insípido.
La diferencia es que unas son más exigentes en nutrientes. Sin embargo, la familia López ha procurado mejorar la calidad introduciendo variedades como la Swett, Chalie, la Festival y la Earlin Breack.
La “mejorcita”, la fruta de mejor calidad, es empacada en pequeñas cajas transparentes de plástico para ubicarlas en gasolineras, supermercados y tiendas de Ocotal y Estelí; una cantidad queda en refrigeración, pero otra, de segunda que no logran vender —diría Ronaldo— también requería un uso que permitiera aprovechamiento y rentabilidad.
Doña Rosario López, la mamá de Ronaldo, empezó haciendo mermelada de fresa “por encargo”, que según ella, es una forma rentable de aprovechar la fruta que llaman “de segunda” por ser más pequeña, pero con una contextura y dulzura igual o mejor que la “de primera”.
Pero no fue suficiente. A Kevin Sanderson, ciudadano norteamericano representante de Auxilio Mundial, tienen mucho que agradecerle. El contacto con la hondureña Juana Suyapa González, de la comunidad de La Esperanza Intibuca-Honduras, fue la clave para que la familia López sea a estas alturas los únicos fabricantes del exquisito vino de fresa que hoy los ocotaleanos pueden saborear.
LA RECETA
Ronaldo asegura que con sus padres y una hermana empezaron hace tres años con unos cinco litros de jugo “para experimentar” y en la medida de que han visto buenos resultados se han ido extendiendo. A esta fecha, la producción es de 200 botellas de vino y con el reto de ir poco a poco creciendo a pasos seguros.
Seleccionan de corte la fruta madura, la esterilizan “hasta quedar bien aseadita”, la “maceramos” bien con las manos, paralelamente otra persona está pendiente de una olla con agua hirviendo y azúcar, una vez que la fruta está bien amasada se le vierte el agua que ha hervido por unos 40 minutos.
La fórmula que se supone debe hacerse en horas de la mañana, revela Rolando, es para un litro de agua una libra de azúcar y una libra de fresa. El resultado se deja en la pana donde han amasado la fresa, llamada también “pana fermentadora”, que se tapa muy bien con una manta. Por la tarde le agregan unos 10 gramos de levadura en una proporción de 20 libras de fruta.
La mezcla se agita y se deja reposar, meneando por la mañana y por la tarde durante los tres o cuatro días de reposo, en dependencia del clima ambiente. El jugo de ese fermento se saca en un recipiente grande con tapón pequeño y una trampa de agua (una manguerita desde el tapón hacia una botella o vaso con agua) para que esté descargando durante un mes los gases que genera el fermento.
Cumpliendo el mes se elimina la trampa de agua, la mezcla se saca a otro recipiente con una manguerita tratando de dejar los sedimentos en el inferior del primer recipiente. Seguirá fermentando, el proceso es lento y si se observa que el recipiente (de plástico) se está inflando apenas se afloja el tapón que bote gases y vuelve a socarse.
LISTO PARA SABOREAR
El mismo proceso de pasarlo a otro recipiente se hace otro mes después y así sucesivamente durante seis u ocho meses. Si el vino sigue sedimentando hay que dejarlo más tiempo realizándole los mismos pasos hasta que esté listo de embotellar. Su experiencia es embotellarlo en recipientes de vidrio de 750 ml que tiene un precio al público de 70 córdobas, hasta ahora sólo en Ocotal.
Ronaldo y su familia ha decidido sacar el vino después de un año de iniciado todo el proceso “para que tenga el sabor que tiene éste”, dijo mostrando en un vaso de vidrio el producto de su esfuerzo y permitiéndonos darle una “probadita” al vino de fresa con un aproximado de 24 grados de alcohol que esperan dar a conocer con el nombre de La Dueña, en honor al nombre de la finca.
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ALGO MÁS SOBRE LA FRESA
La cosecha de fresas se produce seis meses después de establecer las plantaciones, las cuales son aprovechables para dos cosechas. Cosechar fresa en un cuarto de manzana merece una inversión de 34 mil córdobas en material vegetativo, sistema de riego, mano de obra y otros gastos que son recuperables.
En un cuarto de manzana se puede producir un promedio de 40 quintales, que si logran comercializarlos la recuperación en dinero anda por los cien mil córdobas.
La fruta se comercializa en el mercado nacional a un precio promedio de tres dólares.