Federico Dueñas de la Peña
Es cierto, amigos lectores. No estoy bromeando, equivocado, borracho ni drogado. Apareció en el mercado norteamericano un novedoso, diabólico, despiadado y macabro videojuego, proveniente de Irlanda, si no me equivoco, que escenifica a todo color singulares efectos sonoros, con especial realismo y crudeza el triste momento del asesinato del ex presidente norteamericano John F. Kennedy, en 1963, en la ciudad de Dallas, Texas. Tú eres aquí el gran protagonista, pues representas nada más ni nada menos que a Lee Harvey Oswald, el supuesto asesino cibernético, o bien lo pueden ser tu esposa o alguno de tus hijos o hijas menores. Lo pueden jugar de los 6 años en adelante, ahora que la computadora está al alcance de los niños de primaria (incluidos los cibercafés).
Tú te escondes en la bodega del edificio público desde donde esperas que aparezca la comitiva presidencial, identificas plenamente a tu objetivo (el pobre de míster Kennedy) y comienzas a disparar y a matar todas las veces que quieras al Presidente. En cada nueva jugada puedes mejorar tu puntería, tus aptitudes y destrezas criminales, hasta convertirte en un auténtico asesino profesional de grandes personalidades.
¿No es increíble lo que puede hacer la tecnología moderna mal enfocada? No me sorprendería que en poco tiempo, si estos juegos demoníacos se popularizan, surjan similares recreando asesinatos famosos como el de Ghandi, el de Mussolini, el de Sandino, el de Lincoln. ¿Te imaginas simular a Daniel y Lenín jugando al asesinato de Tachito con metralletas y morteros en una solitaria calle de Asunción?
De manera que ahora en el confortable interior de tu hogar, con tu familia, puedes desarrollar, perfeccionar y recrear libremente tu potencial mente asesina con este tipo de videojuegos sin límite de tiempo. ¿Quién lo impide? Pero… ¿tenemos conciencia clara del enorme daño que pueden producir este tipo de juegos en las mentes infantiles de nuestros hijos? ¿cómo protegerlos de este nuevo, moderno atractivo peligro en el desarrollo de sus jóvenes personalidades, cuando sus neófitos cerebros están abiertos, como ávidas esponjas, para absorber todo tipo de información y entretenimiento? Y cuando menciono todo tipo de información recuerdo que debemos ser sumamente cautelosos con los niños y jóvenes, pues, como decía Sor Juana Inés de la Cruz, “La mente es loca de la casa”.
Pregunto: ¿Cuál es el límite “computacional” en el caso concreto de tu familia? ¿quién pone coto a estos videojuegos y cómo? El Gobierno, concretamente el Ministerio de Educación, tiene nulo poder de acción, aunque quisiera. Es responsabilidad básica de los padres, de los jefes de las familias, el vigilar por la educación, la moral, y la conducta adecuada en la formación de los hijos. La escuela sólo brinda y certifica aprendizaje técnico.
Como padres ¿acaso se han metido a la computadora de sus hijos (si es que éstos les dejan) para conocer el contenido que tiene en “memoria”, qué clase de juegos manejan, qué sitios de Internet frecuentan (¿sabías que casi el setenta por ciento de las visitas es a sitios de adultos y pornografía?), con quienes “chatean” y a qué profundidad de diálogo? ¿qué clase de información “bajan” y qué uso hacen de ella? Indudablemente que la modernidad de la computadora es un enorme reto para los padres que quieren educar correctamente a sus hijos hoy en día.
El autor es empresario.