¿Pero… hay hielo?

Douglas Carcache

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¿Pero… hay hielo?


Douglas Carcache




A un amigo mío, siempre que le recomiendan un nuevo lugar turístico para visitar en el interior de Nicaragua, lo primero que se le ocurre preguntar es: “¿Y hay hielo..?”. No es una manía, sino la precaución derivada de múltiples experiencias que le han hecho pensar que un lugar, para jalar turistas, necesita algo más que naturaleza bonita.

Él se queja de que ha visitado sitios donde, después de apreciar el paisaje, ha pasado la decepción de que al pedir una bebida en algún restaurante local le dicen que hay, pero falta hielo, o está caliente porque falló la energía; y si pide una comida del menú, el mesero le responde que “hoy no tenemos de esa” y sólo hay dos o tres de los 10 ó 20 platos que enlista la carta.

Aún con las deficiencias del servicio que a veces uno ve en algunos paradores turísticos de Nicaragua, este año han llegado al país 595 mil visitantes extranjeros y la economía nacional ha recibido una inyección de 161 millones de dólares.

Es una buena noticia porque la actividad turística está creciendo, pero también es tiempo de involucrar más a las comunidades en este nuevo negocio de servicio a visitantes, extranjeros o nacionales, porque a veces da la impresión que sólo depende o conviene a quienes cuidan un parque natural o son propietarios del restaurante, el bar o el hospedaje.

Un turista español me contaba que se interesó en conocer San Juan de Limay después de ver las esculturas de marmolina que hacen los habitantes de ese poblado norteño. En una oficina de turismo en Managua consiguió un mapa que le indicaba seguir una supuesta carretera asfaltada hasta Limay. Se fue con su familia en un carro de transmisión sencilla y casi no llega, porque el camino, dijo, es de lo peor.

Ya en el poblado tuvo poco que ver y apenas visitó a dos artesanos que trabajaban con las piedras de marmolina, porque éstos parecían más interesados en su labor que en atender visitantes. Confesó su arrepentimiento por haber viajado hasta ese lugar, indicando que le hubiera resultado mejor comprar alguna escultura de marmolina en el Mercado Central de Managua.

Para la economía del país, lo mejor es que los turistas salgan de Managua y conozcan otros departamentos, porque así permanecen más días, sus gastos aumentan y favorecen a más nicaragüenses, pero ciertas carreteras, como la de Sébaco-Matagalpa-Jinotega, desaniman a cualquiera, incluso a los más aventureros.

El Instituto de Turismo (Intur) trabaja para que vengan más turistas, que se queden en el país cuatro días en vez de tres, y que gasten un promedio de 100 dólares por día en vez de 75 como ha sido hasta hoy. Esto dependerá de mejorar los servicios y de que haya menos apatía en la comunidad. Por eso veo bien la idea de que el tema del turismo sea una clase más para los niños en la escuela.

Editorial
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