Derecho a la vida

Violeta Otero Rosales El terrible suceso de la muerte de María José Bravo me mueve a compartir pensamientos para que todos y todas podamos reflexionar y actuar para lograr un cambio en Nicaragua. Bien dice Cristiana Chamorro: “Ninguna alcaldía vale la vida de María José”. Los nicaragüenses queremos un país donde podamos caminar libremente, hablar […]

Violeta Otero Rosales

El terrible suceso de la muerte de María José Bravo me mueve a compartir pensamientos para que todos y todas podamos reflexionar y actuar para lograr un cambio en Nicaragua.

Bien dice Cristiana Chamorro: “Ninguna alcaldía vale la vida de María José”. Los nicaragüenses queremos un país donde podamos caminar libremente, hablar sin temores, vivir sin miedo. Donde podamos expresar nuestras ideas diversas, diferentes y hasta contrarias a las de otros; con respeto a la propia vida y a la de los demás. Donde nadie pretenda imponer su dominio, sus creencias, costumbres y opiniones.

En Nicaragua hay lugar para todos sus habitantes, y tenemos que proponernos una convivencia en la que todas las personas no sólo nos sintamos seguras sino que podamos respirar nuevos aires sin violencia, sin prepotencia, sin omnipotencias, que nos permita tener mejores posibilidades de desarrollarnos como personas y como país.

Los dirigentes y medios de comunicación en sus distintas expresiones están obligados a asumir responsabilidades en este imperante desafío por una convivencia pacífica. Los nicaragüenses estamos obligados a ejercer nuestra ciudadanía en marcos democráticos y de respeto a los derechos humanos, y a exigir a los políticos, a los representantes de las distintas religiones, a las organizaciones sociales y a la empresa privada “No a la violencia” en sus diversas expresiones. A ser responsables y a exigir responsabilidad. A respetar la vida de los otros y otras, y a exigir respeto de la nuestra.

Que ninguna posición fundamentalista nos lleve a ser víctimas o victimarios, nada vale la pena más que preservar nuestras vidas, las de nuestras familias y seres queridos y la de nuestros compatriotas.

El derecho a la vida y a la integridad es un derecho fundamental. No permitamos que nadie nos lo quite. Queremos un país libre de violencia, lo demás seguramente vendrá.

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