La angustia y la desolación se apoderan de estos activistas demócratas, la noche del 2 de noviembre, a medida que los resultados eran favorables a Bush.

Ayudan a demócratas a superar la ira

Damien CaveThe New York Times Steven Stosny, sicólogo y especialista en la ira, empezó a tratar pacientes que tenían problemas de furia política durante la batalla sobre el juicio político al Presidente Bill Clinton. Después de las elecciones presidenciales últimas, empezó a recibir llamadas de demócratas agitados, entre ellos una trabajadora de la campaña del […]

Damien CaveThe New York Times

Steven Stosny, sicólogo y especialista en la ira, empezó a tratar pacientes que tenían problemas de furia política durante la batalla sobre el juicio político al Presidente Bill Clinton. Después de las elecciones presidenciales últimas, empezó a recibir llamadas de demócratas agitados, entre ellos una trabajadora de la campaña del Senador John Kerry que dijo estar furiosa con el Presidente George W. Bush y que se estaba desquitando con su esposo.

Ambos partidos políticos probablemente encuentren útil un poco de asesoría: los terapeutas dicen que la campaña del 2004 fue una de las carreras electorales más inquietantes y llenas de odio de las que se tiene conocimiento. Los electores de izquierda admitían con frecuencia que luchaban por la elección de Kerry sencillamente porque querían “a cualquiera menos a Bush”. Los conservadores de manera habitual ponían en tela de juicio el patriotismo de Kerry.

Ahora, sin embargo, podría ser el momento de reconciliarse. Después de todo, estudios médicos han demostrado que la ira no es saludable. “Si nos limitamos a quedarnos en este lugar negativo, cobrará su precio”, aseguró Redford B. Williams, director del centro de investigación sobre la medicina conductista en la Universidad Duke en Durham, Carolina del Norte.

Para algunos, la frustración empezó a acumularse desde los 60. Fred Siegel, directivo en el Instituto de Política Progresista, un centro de investigación de tendencia centrista, dijo que muchos demócratas todavía se sentían enfadados por las derrotas del partido a manos de Richard M. Nixon y Ronald Reagan. Muchos sentían como que hacía tiempo que se les debía una victoria electoral, después de la batalla sobre el juicio político a Clinton, la victoria de Bush en el 2000 y el surgimiento político de Arnold Schwarzenegger. La más reciente derrota les ha dado a los demócratas una sensación de injusticia que raya en lo bíblico.

“Esto es Jacob y Esaú”, dijo, al citar la historia del Viejo Testamento sobre la rivalidad de los hijos de Isaac. “La idea que tenía Esaú de sí mismo como el heredero natural era en cierta forma legítima, y sin embargo no alcanzó el premio. ¿Cómo se aplaca ese tipo de resentimiento?”. Quizás la ira se sienta justificada e incluso justa después de una derrota política. Pero quienes están enfadados deben considerar las consecuencias para la salud. Varios estudios han vinculado la ira con un incremento en el riesgo de padecer un mal cardíaco.

Existen formas de controlar la ira. Arrojar dardos al retrato de un político odiado no es una de ellas. Los estudios muestran que tales acciones “crean un hábito de ser agresivo”, manifestó Stosny.

Más bien, afirmaron los especialistas en ira, los demócratas deben redirigir su furia hacia la acción constructiva. Phil Towle, asesor de desempeño cuya intervención con los integrantes del grupo de heavy metal Metálica que se habían declarado la guerra entre sí fue tema de un reciente documental, aseguró que la intensidad emocional sólo puede ser valiosa cuando se enfoca adecuadamente.

Un primer paso es extender el enfoque más allá de la política electoral. “Lo que uno hace es escribir cartas al Congreso”, dijo Towle. “Puede tomar cualquiera de las problemáticas que le preocupan y encontrar una forma de hacer algo”.

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