Los hábitos de vida y alimentación influyen directamente en el desarrollo de esta enfermedad
La diabetes es una epidemia a nivel mundial que afectará en pocos años a unos trescientos millones de personas. ¿Por qué este drástico aumento? ¿Por qué afecta a tantas mujeres, cada vez más jóvenes? ¿Cuáles son las consecuencias que la convierten en un verdadero problema de salud pública? ¿Qué otros factores, además del trastorno del metabolismo de la glucosa o azúcar en la sangre, hay que tomar en cuenta?
Paralelo a la epidemia de diabetes, y no por casualidad, hay una epidemia global de obesidad que afecta a unos mil doscientos millones de personas. Ocho de cada diez casos de diabetes tipo dos o del adulto, la más común, que no es dependiente de la insulina, están directamente asociados a la obesidad, principalmente de tipo abdominal.
La obesidad, junto con la falta de ejercicio físico, y la herencia genética, llevan a desarrollar la diabetes a edades cada vez más tempranas, de modo que ahora se ve hasta en jóvenes de veinte y tantos años, cuando antes era común después de los cuarenta.
¿Por qué la diabetes tipo 2, foco de este artículo, no es un destino inevitable? Generalmente se atribuía a la genética. Sin embargo, ahora se sabe que ésta influye en un 25 a 40 por ciento, de modo que los mayores determinantes de la enfermedad son dependientes del estilo de vida.
HÁBITOS DAÑINOS
Hace varias décadas, el profesor Pfeiffer, una autoridad mundial en diabetes que fue maestro de uno de los autores de este artículo, demostró en Alemania que la diabetes del adulto dependía principalmente del exceso de calorías, y que dos de cada tres pacientes podían ayudarse significativamente con dieta y ejercicios.
Estudios recientes, en Europa y en Estados Unidos, han confirmado que casi el sesenta por ciento de las personas que tienen intolerancia a la glucosa, o estados pre-diabéticos, pueden evitar, o postergar el riesgo de desarrollar diabetes, sólo con dieta y ejercicios. Por eso es tan importante para evitar el “destino” de diabetes, y para mejorar su control y tratamiento cuando ya existe.
LA MUJER ES MÁS AFECTADA
El impacto de la diabetes es mayor en la salud de la mujer. En ambos géneros causa daños visuales, ceguera, daños renales, y hasta amputaciones de miembros. Pero el mayor impacto está dado por las complicaciones circulatorias y cardiovasculares, que son las más comunes. Los infartos cardíacos y cerebrales, y su mortalidad, son mucho más frecuentes en los diabéticos que en la población general, sobre todo después de la menopausia, y se les debe tratar como de alto riesgo cardiovascular.
TRATAMIENTO
¿Cuáles son las bases y las metas del tratamiento? Además de la dieta y ejercicios, el control de la glicemia o azúcar en la sangre es esencial. Actualmente hay medicamentos efectivos por vía oral que ayudan a la mayoría. Algunos necesitan insulina, temporal o permanentemente.
Pero el riesgo cardiovascular depende también de otros factores, principalmente de la presión sanguínea, que en los diabéticos debe ser controlada más estrictamente. Se deben medir y controlar las grasas en la sangre, como el colesterol y triglicéridos. No debe fumar. Y si está indicado, se usa aspirina en dosis bajas o medicamentos que controlan la formación de coágulos de plaquetas sanguíneas.
Todas estas medidas reducen de manera importante el riesgo de la diabetes y sus complicaciones cardíacas y circulatorias. Controle su dieta y sus ejercicios. Consulte a su médico. Prevenga y trate la diabetes. El “destino” de su salud puede ser mucho mejor.
* Los autores de este artículo son miembros del equipo de especialistas del Hospital Metropolitano Vivian Pellas.