Armando Guevara Fletes
Durante la última guerra mundial, de los años 39 al 45, los norteamericanos establecieron una Base Naval, en el Puerto de Corinto, Nicaragua. Para ese tiempo, en Chinandega, tomó fuego un transformador de la luz eléctrica, que estaba montado sobre un riel usado del ferrocarril.
Don Roberto Rodríguez, tenía su casa muy cerca de dicho transformador y en ella una fábrica de zapatos hechos a mano, de muy buena calidad. Ante el peligro de que se le quemara su casa y su zapatería, don Roberto pedía auxilio. Un hombre bondadoso que estaba acostumbrado a subir a los árboles, pensó ayudar al desesperado dueño de casa y subió al riel para despegar una de las líneas para así terminar el circuito. El hombre jaló con fuerza uno de los alambres y lo consiguió, con tan mala suerte que la punta del cable toco el riel, lo energizó y la descarga eléctrica lo golpeó y lo tiró al suelo, quebrándose ambas piernas.
Al accidentado lo llevaron al hospital de Chinandega, donde al siguiente día le cortaron la pierna izquierda, y lo estaban preparando para cortarle la otra. Como dije antes, los norteamericanos tenían una Base Naval en Corinto, y el médico de la base prestaba servicio voluntario en el hospital de Chinandega.
Para suerte del accidentado, el médico norteamericano se detuvo junto a su cama y le preguntó: ¿Qué le duele amigo? ¡Ay doctor, dijo el paciente! Fíjese que ayer me cortaron la pierna izquierda y me están preparando para cortarme la derecha. El doctor apartó la sábana y revisó la pierna derecha, y después le dijo al pobre hombre que no le iban a cortar la pierna, que se iba a salvar.
Al siguiente día el cirujano le abrió la pierna al hombre, le juntó los huesos quebrados, le puso clavos de acero, lo desinfectó y lo vendó. Durante varios días visitó a su paciente, hasta que le dio de alta.
Moraleja: si los comandantes hubieran traído buenos médicos y cirujanos de Europa, ya que odiaban a los norteamericanos por considerarlos los enemigos de la humanidad, hoy no habría tantos inválidos en Nicaragua.