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Rosa María Peralta Jarquín ¿Quién no recuerda las largas filas para comprar la miseria de comida que los sandinistas nos racionaban, los constantes hostigamientos de los CDS y la Seguridad del Estado sandinista, la opresión, la amenaza contra nuestra religión, los atropellos, las torturas, las cárceles llenas de presos políticos, la manipulación a nuestros hijos […]

Rosa María Peralta Jarquín

¿Quién no recuerda las largas filas para comprar la miseria de comida que los sandinistas nos racionaban, los constantes hostigamientos de los CDS y la Seguridad del Estado sandinista, la opresión, la amenaza contra nuestra religión, los atropellos, las torturas, las cárceles llenas de presos políticos, la manipulación a nuestros hijos llamándolos “hijos de la Revolución”?

Cuando Ronald Reagan comenzó su apoyo a la Contra para derrocar al tirano Daniel Ortega, el que hoy se postula para la Presidencia de este gran país, John Kerry viajó expresamente a Nicaragua a abrazarlo y darle personalmente su apoyo. Como nicaragüense, como ciudadana de este gran país, eso me dice mucho. Un hombre que es respaldado por Hugo Chávez, Fidel Castro y Daniel Ortega, no merece ser el Presidente de esta gran nación.

Un hombre que en tiempos de guerra, cuando habían muchos prisioneros de Estados Unidos en Vietnam, se puso a decir que los soldados, incluyéndolo a él, habían cometido crímenes atroces y torturas, poniendo en riesgo la vida de sus compañeros, no merece ser comandante en jefe de las fuerzas armadas, sería una bofetada.

Un hombre sin palabra, que está “donde calienta el sol”, dice lo que la gente quiere oír, miente y se contradice. Al candidato John Kerry le falta amar a su patria con valentía y moral, no sólo cuando a él le conviene.

Me da risa escuchar a muchos latinos decir: “voy con Kerry porque apoya a la familia”. ¿De verdad es apoyar a la familia estar a favor del aborto? ¿A favor de los matrimonios gay? ¿Es eso apoyar la familia?

Este voto en la elección del 2 de noviembre es muy importante para Estados Unidos. Ojalá que no ocurra como a los nicaragüenses y a los venezolanos, que por buscar “un cambio” pusimos al diablo en el poder.

Las Vegas, Nevada

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