Murillo

Róger Suazo El reclamo de doña Rosario Murillo a LA PRENSA, protestando por la publicación de una foto en la que aparece Daniel Ortega besándose con una admiradora me pareció ridículo, porque la publicación de esa foto más bien le limpia la imagen a su esposo ante la opinión pública. Es probable que ni el […]

Róger Suazo

El reclamo de doña Rosario Murillo a LA PRENSA, protestando por la publicación de una foto en la que aparece Daniel Ortega besándose con una admiradora me pareció ridículo, porque la publicación de esa foto más bien le limpia la imagen a su esposo ante la opinión pública.

Es probable que ni el mismo editor del Diario se diera cuenta del “bolado” que le estaba haciendo a Ortega al publicar la foto. ¿O tal vez el editor es un admirador de Ortega?

De lo que doña Rosario no se da cuenta es que su marido, a quien ahora cela públicamente, le ha causado más dolor a miles de nicaragüenses con sus perversas actuaciones en el escenario político.

Doña Rosario dice que ha dado lo mejor de ella para que aprendamos a vivir como seres humanos, pero tal parece que el ejemplo no ha comenzado por casa, ya que las actitudes de su esposo en la cotidianeidad del país deja mucho que desear.

Ella se escuda en que tiene una familia y exige respeto por los sentimientos de la misma, pero, ¿por qué no exige lo mismo por las miles de familias que han sufrido en carne propia los atropellos de las maquiavélicas decisiones de Daniel Ortega que han llenado de luto y dolor a los nicaragüenses? ¡Por favor! Ruegue y piense por esas familias.

Su actitud es una clara expresión del aburguesamiento que ha sufrido la dirigencia proletaria del FSLN, a quienes les ha nacido una nueva piel que ha recibido finos cuidados a costa de la dignidad y la sangre de un pueblo inocente.

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