Sobre el uso de los gentilicios

Jorge Eduardo Arellano

El estudio de los gentilicios —vocablos que sirven para designar a los habitantes de un determinado continente, país, región, ciudad o pueblo— parece ser de texto escolar. Y, en cierto sentido, lo es. Pero el conocimiento de los mismos resulta ameno, instructivo, útil. Al mismo tiempo, ofrecen excepciones de la regla y variantes curiosas.

En realidad, el gentilicio corresponde gramaticalmente a un adjetivo que indica el lugar de origen de las personas, animales o cosas. El Castellano para sexto nivel de primaria, editado por el Ministerio de Educación de Chile —escrito por las profesoras Isabel Elton B., María Angélica Cáceres y Adriana Arellano— recuerda que el de los habitantes de Río de Janeiro es fluminense y el de los de Valparaíso porteño. El nacido en Buenos Aires también es porteño y bonaerense. A los “naturales de diversas ciudades de España y América en las que hay puerto” (incluyendo nuestro Puerto Cabezas del Caribe, conocido también por Bilwi) se les llama porteños, afirma el Diccionario Académico.

En tales casos, no se cumple la sencilla regla de la formación del gentilicio: la raíz (lexema) y su desinencia (morfema) o sufijo, por ejemplo: argentino (descompuesto en argent/ino). Estos sufijos son, generalmente, cinco: -ense (nicaragüense); -eco (guatemalteco); -ino (jamaiquino); -eño (beliceño, panameño); -ano (ecuatoriano, mexicano). En Panamá, Elsie Alvarado de Ricord (1966: 115) señala dos más: -ita (darienita: habitantes del departamento del Darién) y -ero (antonero: el natural de Antón).

La misma autora apunta los diferentes gentilicios de las ciudades españolas e hispanoamericanas con el nombre de Santiago: el natural de Santiago de Veraguas en su país es llamado santiagueño; el de Santiago de Cuba, santiaguero; el de Santiago de Chile, santiaguino; el de República Dominicana, santiaguense; y el de Santiago de Compostela, España, santiagués. El gentilicio de León, Nicaragua es leonés para el masculino y leonesa para el femenino. El sufijo -es (sólo para el masculino) se repite en el de Burgos, España: burgalés; en femenino, burgalesa. También escocés (de Escocia) e islandés (de Islandia) poseen el mismo sufijo.

El gentilicio de Madrid es madrileño. Mucho menos usado resulta el cultista matritense. En el habla familiar se refiere a los barrios de Madrid: Ayer estuve en los Madriles. La Ortografía de la Lengua Española /Edición revisada por las Academias americanas y la estadounidense (1999), inserta como “Apéndice 2” una lista de países reconocidos por los organismos internacionales, con sus capitales y gentilicios; en ella se destaca al habitante de Asunción, capital de Paraguay: asunceno/na. Habría que añadir, por tanto, un décimo sufijo: eno/a.

Pero la misma fuente no da los gentilicios —en español naturalmente— de los nativos de Kabul (idem de Afganistán), Kampala (ídem al de Uganda) y Katmandí (ídem de Nepal), seguramente por la lejanía de esas capitales y su escasa incidencia en el ámbito hispanohablante. Además, yerra con los de Tegucigalpa y Managua. En efecto, a los habitantes de la primera capital centroamericana se le denomina tegucigalpas (Van Wijk, 1996: 595), no tegucigalpenses; y a los de la nuestra, managuas (rarísima vez managüenses), al igual que el gentilicio de Masaya: masayas. (Pese al Panorama masayense, 1957, de Enrique Peña Hernández. La documentación al respecto es abundante.

El sufijo -ense no predomina entre los gentilicios de Nicaragua, siendo de menor uso. Se aplica a los hijos de Rivas (ciudad cabecera departamental): rivense, indistintamente para masculino y femenino. El sufijo -ano tampoco se ha generalizado mucho. Determina los sufijos de Chinandega: chinandegano/a (La cumbia chinandegana); Estelí (también ciudad cabecera y departamento): esteliano/a, (se pronuncia estiliano, a); Jinotega: jinotegano/a; Nueva Segovia (departamento y la región de Las Segovias): segoviano/a; y Posoltega (ciudad y municipio del departamento de León): posoltegano; El Viejo: viejano/a y San Lorenzo (pueblo y municipio de Boaco): lenchano (Matus Lazo, 2002: 170).

Más frecuente es el sufijo -ino propio de Acoyapa: acoyapino/a; Chichigalpa: chichigalpino/a; Diriamba: diriambino/a; Granada (ciudad cabecera y departamento): granadino/a; Jinotepe: jinotepino/a; Juigalpa: juigalpino/a; Masatepe: masatepino/a; y Matagalpa: matagalpino/a. Los anteriores son los ejemplos más comunes. Pero al sufijo -eño le corresponde ser el más empleado en la formación de nuestros gentilicios.

Antes de enumerar los principales, tengamos en cuenta que los habitantes de la isla de Ometepe se les llama isleños y a los de la Costa Atlántica o Caribe, costeños. Hasta una pequeña compañía aérea tiene el nombre de La Costeña. Por curiosidad, cabe señalar que durante mucho tiempo, en esa extensa zona del país —constituida por dos regiones autónomas— los nicaragüenses de la zona central y del Pacífico (o sea del interior) recibían el nombre de españoles. ¿Todavía se recurre allí a ese gentilicio de obvio origen colonial?

El sufijo -eño se halla presente en los habitantes de Boaco (ciudad cabecera y departamento): boaqueño/a; Bluefields: blufileño/a; Carazo (departamento): caraceño; La Concepción (pueblo y municipio del departamento de Masaya): concheño/a; Corinto (ciudad-puerto): corinteño/a; Cuapa (localidad chontaleña, famosa por la aparición de la Virgen María); cuapeño/a; Diriá: dirialeño/a; Diriomo: diriomeño/a; La Libertad (poblado minero de Chontales): liberteño/a; Nagarote: nagaroteño/a; Nandaime: nandaimeño/a; Niquinohomo: niquinomeño; Ocotal: ocotaleño; La Paz Centro: paceño/a; El Realejo (ex puerto y ex villa): realejeño; Río San Juan (antiguo departamento, hoy zona especial): sanjuaneño/a, el mismo de San Juan del Sur (ciudad, puerto y balneario del Pacífico en el departamento de Rivas); San Carlos (ciudad y puerto lacustre): carleño; San Marcos: sanmarqueño/a; Santa Teresa: tereseño/a; Santo Domingo (pueblo de Chontales): santodomingueño (Matus Lazo, 2002: 172). El Sauce: sauceño/a; Somoto: somoteño/a; y Tisma: tismeño/a.

La lista anterior casi se ha tomado íntegramente del Diccionario de Uso del Español Nicaragüense (2001: 167-168), que no es exhaustiva. Faltan gentilicios de otras poblaciones menos populosas. En cuanto al sufijo -eco registrado en localidades de México (yucateco: gentilicio de la Península de Yucatán y autleco: el nacido en Autlán), Guatemala (zacapateco de Zacapa) y El Salvador (cusclatleco de Cuscatlán, nombre indígena del último país), se halla ausente entre nosotros. Sólo lo hemos detectado en sultaneco/a, referido a los habitantes de “La Gran Sultana”: Granada. De tal manera que en la revista literaria ilustrada Horizontes (Managua, Año I, Núm. 4, julio, 1994, p. 15), leemos sobre un bouquet obsequiado a la señorita Lilliam Somoza Debayle por doña Angélica Balladares de Argüello, “de la más alta sociedad sultaneca”. Por lo demás, sultaneco/a no acusa origen náhuatl posee carga despectiva.

El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Editorial
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