- Boston toma ventaja atravesando por mil angustias
Edgard Tijerino M.
Pobre pitcheo, errática defensa y bateo ruidoso. Eso fue lo que ofreció el primer juego de la Serie Mundial del 2004 ganado por los Medias Rojas 11 por 9, navegando en el mar de la inseguridad.
Un jonrón de Mark Bellhorn, un bateador “Mickey Mouse” entre tantas fieras, fue el decisivo. Hizo rebotar una pelota lanzada por Julián Tavárez en el poste del jardín derecho con Jason Varitek en camino, en el cierre del octavo.
No fue un gran partido, pero por la terrible confusión resultó lo suficientemente tenso. El gran escritor de terror, Stephen King, uno de los asteriscos de Boston, terminó sin uñas.
Los brazos de Woody Williams y Tim Wakefield, los abridores, fueron enviados a un taller de enderezado después de ser arrancados por el bateo enemigo.
El jonrón de tres carreras de David Ortiz contra un pitcheo adentro de Williams en el primer inning, cuando todavía no se vendía el primer hot dog en el Fenway Park, dio la impresión de colocar a los Medias Rojas en ruta hacia una cómoda victoria.
Un hit de Bill Mueller impulsó a Kevin Millar para el 4-0, y las maderas del constantemente reacondicionado parque de Boston, crujieron alegremente, sobre todo, porque el nudillista Tim Wakefield había sacado sin dificultades el turno al bate de los Cardenales.
Que engañoso fue todo eso. El equipo más ganador de las Mayores es tan duro de matar como Bruce Willis. Un fly de sacrificio de Mike Matheny empujó a Jim Edmonds en el segundo inning, y el primer jonrón de Larry Walker en una Serie Mundial, acortó la diferencia 4 por 2. Estando frente a frente dos equipos de equilibrada capacidad de destrucción, borrar dos carreras podía ser tan sencillo como freír un huevo.
Los de Boston, funcionando como la pandilla de los Dalton en el viejo oeste, arremetieron contra el vacilante pitcheo de Williams en tercero, marcando tres carreras. Hit de Johnny Damon impulsó a Mueller, otro de Orlando Cabrera envió al plato a Doug Mirabelli, y un roletazo de Manny Ramírez facilitó la anotación de Mark Bellhorn para establecer una aparentemente tranquilizante ventaja de 7 por 2.
Los Cardenales, explotando a Wakefield en el cuarto, demostraron que el juego estaba muy tierno, que no salía de la cuna, que apenas intentaba gatear, que había mucho que discutir.
Otro fly de sacrificio de Matheny empujó a Jim Edmonds, quien había sorprendido con un toque que paralizó al infield de Boston. En la misma jugada, cortando un tiro que venía hacia el plato, Kevin Millar falló haciendo un mal tiro a tercera y anotó Reggie Sanders, mientras Tony Womack se instalaba en tercera. Un roletazo de So Taguchi produjo la quinta carrera y la distancia se estrechó 7 por 5.
En el sexto, contra Bronson Arroyo con dos outs, dobletes de Edgard Rentería y Larry Walker, empataron el juego 7-7. La pizarra, moviéndose con cierto frenesí, parecía uno de esos rótulos intermitentes que se ven en el bulevar de Las Vegas.
La multitud sintió que las tribunas se convertían en gelatina y que el suspenso mordía sus espaldas. No, no era eso lo que suponían cuando los Medias Rojas estaban adelante 7 por 2. Una vez más, lo imprevisible del juego dominaba el escenario.
En el cierre del séptimo, los bateadores de Boston escucharon sonar el despertador, y golpearon en las narices al relevista Kiko Calero, después que Bellhorn y Cabrera recibieron pasaportes. Hit de Manny Ramírez y otro de David Ortiz dentro del cuadro fabricaron par de carreras y las luces volvieron a encenderse en Boston con la ventaja de 9 por 7. Sin embargo, una vez más, San Luis reaccionó y sacó el máximo provecho a dos fallas defensivas de Manny Ramírez, empatando el juego 9-9, multiplicando la angustia en Boston.
En el cierre del octavo, el jonrón de Bellhorn terminó con la incertidumbre.
La maldición está oculta, por ahora, en tanto la racha victoriosa de la tropa de Terry Francona continúa.
LAS FALLAS
El corte inoportuno y el mal tiro a tercera de Kevin Millar.
La desarticulación de los del bullpen.
El tiro innecesario y desviado de Bronson Arroyo sobre batazo de So Taguchi
El mal tiro de Jim Edmonds al plato con buena posibilidad.
La falta de asistencia de los Cardenales en primera base con el batazo de Manny Ramírez en el séptimo.
El temor del antesalista Bill Mueller, que con buena opción de sacar un out en home prefirió tirar a primera. Todos en las tribunas se llevaron las manos a la cabeza.
Los fatales fildeos de Ramírez en el octavo perdiendo dos pelotas que significaron dos carreras en otro empate del juego.