Vicente Maltez Montiel *
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha designado el 10 de octubre de todos los años como Día Mundial de la Salud Mental, que es un componente fundamental de la salud humana integral.
La salud mental implica capacidad de un individuo para establecer relaciones armoniosas con otras personas y para participar o contribuir de forma constructiva (sostenible) en modificaciones de su medio ambiente.
Las enfermedades mentales constituyen una pesada carga en los deficientes sistemas de salud de países pobres. En adultos de 15-44 años representan el 12 por ciento de morbilidad o gente enferma, y si agregamos las lesiones autodestructivas, llega hasta un 16.1 por ciento.
La depresión (tristeza) y la depresión con ansiedad producen uno de cada cuatro consultas médicas, enfermedades relacionadas con el alcohol afectan un 5 al 10 por ciento de la población mundial.
El narcotráfico y consumo de drogas penetran y corrompen el tejido social así como las mentes de los jóvenes, la violencia intradomiciliar contra las esposas oscila del 20-75 por ciento.
En Nicaragua compartimos o sufrimos nuestra cuota de alteraciones de la salud mental, carecemos de una política nacional de la salud mental a pesar de ser un país posbélico y con el impacto frecuente de desastres naturales sólo contamos con un poco más de un centenar de psiquiatras.
En la consulta del médico internista recibimos pacientes afectados de trastornos donde el cuerpo refleja las tensiones o problemas mentales. Son las llamadas Enfermedades Psicosomáticas o Psicofisiológicas que obligan a la actualización constante.
El episodio de Grisi siknis o locura colectiva indígena en la costa Caribe demostró la incapacidad de nuestro país de respuesta del sistema de salud.
La salud mental es un asunto no sólo de psiquiatras, nos incumbe a todos.
* especialista y profesor de Medicina Interna