El laureado director de Fahrenheit 9/11, Michael Moore, despierta el odio de muchos partidarios de Bush.

“Celsius 41.11”: réplica republicana a Fahrenheit 9/11 de Michael Moore

THE NEW YORK TIMESWASHINGTON Los republicanos finalmente tienen la respuesta hollywoodense a Michael Moore: Celsius 41.11-La temperatura a la que el cerebro comienza a morir, un documental realizado en seis semanas que es anunciado como “¡La verdad detrás de las mentiras de Fahrenheit 9/11!” Después de su reciente premiere en la capital de EE.UU. parecía […]

THE NEW YORK TIMESWASHINGTON

Los republicanos finalmente tienen la respuesta hollywoodense a Michael Moore: Celsius 41.11-La temperatura a la que el cerebro comienza a morir, un documental realizado en seis semanas que es anunciado como “¡La verdad detrás de las mentiras de Fahrenheit 9/11!”

Después de su reciente premiere en la capital de EE.UU. parecía haber dos opiniones predominantes entre el público totalmente republicano de 300 personas. Una era que el filme es mucho más profundo y preciso que Fahrenheit 9/11. La otra era que no va a recaudar 100 millones de dólares.

Pero por otro lado ése no era el punto, como sus creadores no dejaban de insistir. “Los golpes bajos quizá sean entretenidos en el filme de Moore”, afirmó Lionel Chetwynd, escritor y productor del filme, “pero queríamos exponer el argumento intelectual e ir más allá de sermonear a los conversos”.

Celsius 41.11 ofrece una defensa punto por punto del presidente Bush por parte de políticos, periodistas y estudiosos que hablan acerca de la legalidad del recuento electoral en Florida en el 2000, del récord de la Administración Clinton en la lucha contra el terrorismo y de la teoría del excepcionalismo estadounidense.

El filme también tiene algunas yuxtaposiciones estilo Fahrenheit, como una imagen del World Trade Center en llamas mientras Moore declara: “es necesario decir esto en televisión nacional. No hay amenaza terrorista”.

El filme fue financiado y producido por Citizens United, un grupo conservador en Washington. En junio le solicitó a la Comisión Federal Electoral que evitara que Moore sacara anuncios de su cinta durante el período anterior a las elecciones, cuando los anuncios políticos de grupos externos son restringidos. Esa queja quedó invalidada cuando Moore dijo que no sacaría los anuncios en cuestión.

Aquéllos que asistieron a la premiere parecían encantados de que alguien finalmente le hiciera frente a Moore. “Esta película se gana una entrada al debate”, dijo Jerome R. Corsi, autor de Unfit for command, el best-seller que critica el historial de Kerry en Vietnam. “Se va a hablar de ella”.

SÁTIRAS A CAMPAÑA

Durante el análisis del primer debate presidencial en The Daily Show, un programa cómico televisivo que se burla de los noticieros diarios, el conductor Jon Stewart recurrió a sus “corresponsales” para que hicieran un análisis a profundidad.

“Ed, ¿cómo se siente la gente de Kerry?”.

“Emocionada, Jon”, fue la respuesta. “La gente de Kerry no podría estar más feliz. Su candidato estuvo a la altura de un Presidente en guerra que nunca ha perdido un debate y se mantuvo a la altura”.

“Muy bien”, dijo Stewart. “Y Rob, ¿cómo está el ambiente en el campo Bush?”

“De triunfo, Jon”, contestó el corresponsal. “Un triunfo orgásmico. Su hombre se enfrentó a John Kerry, un virtuoso de la oratoria y capitán del equipo de debates de la Universidad de Yale. Ha pulido sus habilidades como orador desde los tres años de edad, y a su juicio, al no permitirse ser reducido a las lágrimas, el Presidente fue el gran ganador esta noche”.

El intercambio —que terminó con el “corresponsal” de la campaña Bush suplicando “¡Tienen que reelegirlo!”— fue una manera hábil de hacer pedazos tanto la superficialidad de la manipulación de la campaña, táctica empleada para influir en la opinión pública, como la capacidad de los medios noticiosos para aceptar esa manipulación. Se transmitió por el canal de cable Comedy Central mientras los verdaderos manipuladores de las campañas se afanaban en las otras cadenas de televisión, al ofrecer sus interpretaciones para moldear el resultado del debate.

Sólo para asegurarse de que no hubiera un mal entendido, durante un corte comercial, Stewart ofreció un recordatorio a su público. “Recuerden”, dijo seriamente. “No somos realmente gente de las noticias”.

El 21 por ciento de las personas menores de 30 años de edad, decepcionadas quizá por los medios mainstream, dice enterarse de la campaña por fuentes satíricas como The Daily Show y por los monólogos de los programas televisivos nocturnos, en comparación con el 9 por ciento en el 2000, según el Pew Research Center.

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