Parangón

Carlos A Gómez Los Estados Unidos de Norteamérica crecieron con vigor, sabiduría y entusiasmo, dándole gracias al Altísimo, forjando hombres y mujeres en todas las artes técnicas, culturales y consolidando su educación. No crecieron con doctores graduados sino con el sudor del obrero de la fábrica, del campesino honesto, del técnico, del obrero especializado, del […]

Carlos A Gómez

Los Estados Unidos de Norteamérica crecieron con vigor, sabiduría y entusiasmo, dándole gracias al Altísimo, forjando hombres y mujeres en todas las artes técnicas, culturales y consolidando su educación.

No crecieron con doctores graduados sino con el sudor del obrero de la fábrica, del campesino honesto, del técnico, del obrero especializado, del profesional honrando su profesión. Pero sobre todo crecieron porque sus hombres y mujeres fueron dignos, altivos y arrogantes de su pasado, y por ver en sus hijos un mejor futuro, no sólo acompañado por la educación sino por enseñarles valores y ejemplos que es la que la hicieron grande. Desde tener un Presidente labriego a genios provenientes de las más humildes familias norteamericanas, esta nación siempre ha honrado a sus mejores hijos. No importando de donde provengan.

Y lo más grande de Estados Unidos es que su Constitución no le rinde pleitesía a los apellidos ilustres, a los títulos nobiliarios ni a la servidumbre (servilismo, adulación, arrogancia y soberbia). Es una nación en la que cualquiera puede llegar a ser lo que quiere ser.

En Nicaragua todavía predomina el culto a la personalidad, al servilismo, al apellido, a la tolerancia, a la violación sistemática de la ley, a la pobreza desmedida de su pueblo obligado por oligarquías criollas, como en los retrógrados siglos XVIII o XIX; un sistema de vida en que se confunde lo primitivo con el salvajismo colonial, donde no existen leyes que garanticen la seguridad individual y mucho menos la jurídica.

Por rechazar las iniquidades presentes pudieron confiscar mis bienes, destruir mis anhelos presentes, pero no han podido confiscar mi mente.

Washington DC

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