- Los candidatos se aprestan a sostener su primer debate público este jueves 30 de septiembre. Hasta hoy la polémica sobre la política exterior ha sido difusa, pero eso ya pasó con Nixon y Vietnam
THE NEW YORK TIMES
WASHINGTON.- Esta campaña presidencial estadounidense tiene una pasión por la letra chiquita, desde los precisos historiales del servicio militar de los candidatos hasta los exactos puntos de vista políticos que han adoptado, y ajustado, con el paso de los años.
Pero en el tema de una prueba crítica de política exterior que el próximo presidente enfrentará, el Presidente George W. Bush y el Senador John Kerry han dicho poco más que cada uno concluirá la guerra de la manera correcta y su oponente no lo hará.
En términos de política presidencial, la imprecisión del debate a la fecha ha favorecido a Bush, comentan estrategas políticos. Ha tenido éxito al enmarcar la guerra en Irak como parte de una más extensa guerra contra el terrorismo, mientras que Kerry enfrenta límites impuestos por sus propias decisiones del pasado, incluyendo su voto por brindarle al presidente autoridad para usar la fuerza en Irak desde el principio.
Pero en términos del debate público, se podría pasar por alto la oportunidad de aclarar los medios y objetivos de una guerra estadounidense. Una oportunidad clave para aclararlos, o dejar de hacerlo, está programada el 30 de septiembre, cuando se llevará a cabo el primer debate entre los candidatos presidenciales. La política exterior figura en la agenda.
El factor vago proviene, en parte, de las realidades militares y diplomáticas, del carácter esquivo de cualquier solución rápida. Y proviene, en parte, de los obstáculos con los que se toparía cualquier contendiente que intente encontrar un tema de campaña en una crisis del exterior.
“Para ambos, es un tema muy difícil de abordar, por diferentes razones”, afirmó Matt Bennett, un asesor demócrata. “Para Bush, porque es una desventaja, y para Kerry, porque resulta difícil determinar qué decir”.
Scott Reed, un consultor republicano, dijo que al transferir la soberanía a los iraquíes en junio y al ver hacia las elecciones en enero, Bush se distanció a sí mismo del conflicto.
A mediados de septiembre, Don Imus, el popular conductor de radio, presionó a Kerry a brindar respuestas específicas, al preguntarle cómo cumpliría su meta declarada de salir de Irak en un primer período.
Kerry explicó que “convocaría inmediatamente a una cumbre de la comunidad europea”, buscaría más ayuda de los aliados y agilizaría el entrenamiento de tropas iraquíes. Al cuestionarlo más a fondo, Kerry respondió: “Lo que todos en Estados Unidos deberían estar haciendo es no cuestionarme a mí. Deberían cuestionar al Presidente, ‘¿cuál es su plan?’”.
Imus dijo: “Le preguntamos a usted, ya que quiere ser Presidente”.
Kerry señaló, “no puedo saber con qué me voy a topar el 20 de enero”, cuando el ganador de las elecciones del 2 de noviembre asuma el cargo. En Nueva York el 20 de septiembre, Kerry mantuvo el mismo tono vago. Acusó al Presidente de “terca incompetencia en Irak” y exhortó a Bush a enmendar alianzas inmediatamente, entrenar a fuerzas de seguridad iraquíes, mejorar la reconstrucción y asegurar los comicios.
Horas más tarde, el Presidente ofreció su respuesta ante un público en New Hampshire, al decir: “Cuarenta y tres días antes de las elecciones, mi oponente ha optado ahora por una propuesta sobre qué hacer a continuación, y es exactamente lo que estamos en vías de hacer ahora”.
Críticos de Kerry afirman que su cautela propicia una percepción de que está siendo evasivo. Pero tiene verdaderos “incentivos para no hablar claro”, comentó Peter Feaver, politólogo de la Universidad de Duke, entre ellos la preocupación de que un nuevo ataque en Estados Unidos o un cambio repentino en Irak pudiera hacer que comprometerse a una propuesta específica ahora mismo parezca equivocado después.
La mayoría de los simpatizantes de Bush en el conflicto de Irak tienen motivos similares por apoyarlo, mientras que sus críticos difieren en cuestiones fundamentales como si es una buena guerra librada de manera deficiente o una operación errada desde el principio.
Kerry también está limitado por su voto que autorizó al Presidente a declarar la guerra y por estar de acuerdo con Bush en que darle la espalda al problema ahorita infundiría valor a enemigos de EE.UU. Así que trata de retar a Bush con respecto a su manejo de la guerra y su honestidad al hablar de ella.
Incluso el que Kerry hable sobre reclutar a más aliados lo ha expuesto a un ataque implícito de Bush, quien rutinariamente afirma, como lo hizo ante un público en Minnesota: “Nunca cederé las decisiones de seguridad nacional de EE.UU. a líderes de otros países”.
Kerry también se ve atrapado en un predicamento mayor —su acuerdo esencial con la visión de Bush de una amenaza terrorista.
David Axelrod, estratega demócrata, dijo que al fusionar los conflictos en Irak y Afganistán en su estrategia de campaña, los republicanos hacían que los ataques contra la política sobre Irak fueran “una señal de debilidad en la guerra contra el terrorismo”.
Kerry trata de convencer a los electores que Bush los ha obligado a sacrificarse sin pedirlo directamente, al gastar aproximadamente 200 mil millones de dólares en una aventura extranjera en lugar de hacerlo en las necesidades en casa.
Para que ese mensaje penetre, los electores deben primero aceptar su premisa de que, a pesar del voto que él emitió, la guerra en Irak fue un error.
Eso explica por qué Bush y los suyos dedican mucho más tiempo a justificar la entrada a la guerra en lugar de apuntar hacia una salida.
LAS VAGAS PROMESAS DE EISENHOWER Y NIXON
Durante la contienda presidencial en 1952, durante la Guerra de Corea, y en 1968, durante la Guerra de Vietnam, el debate también se mantuvo borroso.
El General Dwight D. Eisenhower ganó en 1952 tras ofrecer sólo la más vaga de las alternativas. Justo antes de las elecciones, prometió que, de resultar electo, se “concentraría en la labor de poner fin a la Guerra de Corea” y agregó, “yo iré a Corea”. Dejó en el aire la interrogante de qué haría allá.
En 1968, Richard Nixon prometió “poner fin a la guerra y ganar la paz”. No ofreció muchos detalles específicos fuera de uno que hace eco en la campaña de Kerry —una promesa de agilizar el entrenamiento de los aliados estadounidenses locales, los sudvietnamitas.
DIRECCIÓN CONTRARIA
A Kerry le gustaría aislar a Irak de Afganistán y de la lucha más amplia contra el terrorismo, mientras que Bush desea relacionarlos. A Kerry le gustaría relacionar la guerra en Irak con problemas dentro de EE.UU. —“está mal abrir estaciones de bomberos en Bagdad y cerrarlas en Estados Unidos”, afirma— mientras que Bush desea mantenerlos separados.
El factor vago proviene, en parte, de las realidades militares y diplomáticas, del carácter esquivo de cualquier solución rápida (…) “Para ambos, es un tema muy difícil de abordar, por diferentes razones. Para Bush, porque es una desventaja, y para Kerry, porque resulta difícil determinar qué decir”.
Matt Bennett, asesor demócrata.
En términos de política presidencial, la imprecisión del debate a la fecha ha favorecido a Bush, comentan estrategas políticos. Ha tenido éxito al enmarcar la guerra en Irak como parte de una más extensa guerra contra el terrorismo, mientras que Kerry enfrenta límites impuestos por sus propias decisiones del pasado.