Arturo Castro Frenzel*
Roman, Times, serif»>
Trigo
Arturo Castro Frenzel*
En su artículo Nicaragua no es apta para sembrar trigo, publicado en LA PRENSA, Sección Campo & Agro, el señor Gabriel Sánchez Campbell presentó varios argumentos sosteniendo la tesis de que en Nicaragua no se cultiva el trigo.
Con el perdón del señor Sánchez Campbell y del profesor Leonardo García Centeno (UNA), me permito contradecirlos. Desafortunadamente, en el artículo ellos no mencionan los nombres científicos de las plantas en cuestión. En todo caso, sí se ha cultivado el trigo en Nicaragua. Me consta que por lo menos en Jinotega, de donde orgullosamente soy originario, tanto en la zona de Tomatoya, San Rafael del Norte y Yalí (y probablemente muchas más), siempre se cultivó el buen trigo tradicional, triticum aestivum, o bien triticum sativum lam.
Todavía en el balneario de Tomatoya (municipio de Jinotega), existen vestigios del molino movido por energía hidráulica que molió mucho trigo por muchos años. Invito a los señores a que disfruten unas horas o días en ese balneario, bajo las exquisitas atenciones de su propietaria Blanquita Dalla Torre. Allí en esa zona recabarán más datos acerca del buen trigo jinotegano: trigo, no millón.
Es cierto lo que los señores dicen, que existe una confusión entre trigo y millón. Pero esa confusión no es generalizada en todo el país. Tampoco es cierto que el trigo solamente se produzca en “zonas sumamente frías”. Prueba de eso es que en las tumbas de los faraones se han encontrado granos de triticum aestivum que todavía germinan después de los miles de años que han pasado “inactivos”.
En Nicaragua todos sabemos a qué nos estamos refiriendo al hablar de harina del país. Sus razones habrá de tener para ese nombre. Todos sabemos también lo que es harina extranjera.
Como de costumbre, nosotros en Nicaragua siempre preferimos lo foráneo a lo nuestro. Nadie duda de la superioridad de la harina del país sobre la harina extranjera. Pero se comenzó consumiendo harina extranjera por ser más elegante y naturalmente más cara, lo cual la convertía en símbolo de estatus social. Lo mismo sucedió con el azúcar blanca o azúcar refinada, que es muy inferior a nuestra azúcar negra, y aún menos nutritivo que el dulce de rapadura. Pero así somos, y por eso estamos a como estamos.
Desgraciadamente, los expositores ya están hablando de mejoras genéticas, sin siquiera tomar en cuenta que existen variedades de trigo que, aunque no presentan el mayor rendimiento cuantitativo, sí tienen cualidades superiores a las mejores mejoradas. Me refiero concretamente a la variedad triticum spelta que ha sido redescubierta en Europa, después de que por muchos años había sido desechada por su relativamente bajo rendimiento. Ahora le rinden el sombrero por su resistencia natural a los parásitos y enfermedades, así como por su hasta ahora científicamente reconocido alto valor nutritivo, muy superior a los demás de la misma familia.
Al mencionar el germen de trigo, supongo que el autor se refiere a lo que conocemos como afrecho. En todo caso, una de las calidades del afrecho, y que lamentablemente no fue mencionada en el artículo, es que es una excelente substancia de lastre para el quimo. Es decir, que aunque no es directamente absorbida por los intestinos, sí sirve para dar consistencia al quimo (es decir, a lo que después serán las heces fecales), facilitando así el aprovechamiento de los movimientos peristálticos del sistema digestivo.
Espero que esta modesta contribución sirva como aliciente para que en Nicaragua se reanude la antigua tradición del pan negro o bien pan integral, aunque sea como semitas, que en Jinotega (todavía) las hacen deliciosas… si es que se consigue el trigo para hacerlas. Y que nadie siga creyendo que en Nicaragua no se puede sembrar trigo.
* El autor es ingeniero, director de la Reserva Silvestre Privada y Jardín Botánico “El Terebinto”, Jinotega. Asesoría científica: Muséum National d’Histoire Naturelle, París, Francia.