Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Una vez más cayó enredado entre las cuerdas el boxeador Ricardo Mayorga, ahora acusado por una joven de 22 años de haber sido objeto de violación.
No es la primera vez que este hombre ocupa las primeras planas de los periódicos y no precisamente por triunfos en el boxeo, sino por amenazas a mano armada, plantones sentimentales, accidentes automovilísticos en estado de ebriedad y ahora por violador.
Pero “El Matador”, como se le conoce, luego de propinarle una golpiza a una mujer y violarla huye a esconderse con claras muestras de que esta pelea la había perdido ante una mujer indefensa, arrebatado por sus irracionales desmanes y ahora frente a los puños inevitables de la ley.
Éste podría ser el epílogo de un muchacho que dio claras muestras físicas de ser un buen peleador, pero a quien el desenfreno causado por el empacho de unos cuantos miles de dólares lo llevó a cometer acciones que hoy lo tienen de cara a un juicio por violación agravada.
Ahora no hay tiempo para arrepentirse, tendrá que enfrentar un juicio ante las autoridades del país, perdiendo por ahora la mejor pelea de su vida, su libertad.
El boxeo está de luto nuevamente y no por la muerte de un boxeador, sino por la vergüenza a la que Ricardo Mayorga ha expuesto a todos los nicaragüenses que en algún momento pusimos las esperanzas en que un deportista como él le volviera a dar gloria a Nicaragua.