El guarapo hierve, palpita, popea…

Mario Fulvio Espinosa Ver gráfico ¡Criiiii… criiii… criii… criii… criii… Aquel chirrido es fuerte, persistente, monótono. Se escucha muchos metros a la redonda mientras avanzamos por un camino de lajas, encajonado, que nos lleva hasta el rancho donde está el artefacto centenario de don Francisco Zelaya. Un bahareque de madera ennegrecida cobija el horno donde […]

Mario Fulvio Espinosa

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¡Criiiii… criiii… criii… criii… criii… Aquel chirrido es fuerte, persistente, monótono. Se escucha muchos metros a la redonda mientras avanzamos por un camino de lajas, encajonado, que nos lleva hasta el rancho donde está el artefacto centenario de don Francisco Zelaya.

Un bahareque de madera ennegrecida cobija el horno donde se cuece el guarapo, humo oloroso a miel invade el pequeño local, se expande y sale por los caminos y montes según le dirección que le dicta el viento.

Dentro del ambiente humoso del pequeño galpón, los hombres se mueven como fantasmas, unos atizan el fuego, otros baten el guarapo que palpita y popea en los grandes calderos, aquellos preparan los moldes que otros llenan con la miel hirviente.

El trapiche está en el patio cercano. Dos yuntas de bueyes, guiadas por mocetones, caminan en círculos halando de la “almijarra”. En el centro está la trituradora artesanal, dos grandes cilindros de madera fina que al girar en sentido contrario machacan los varejones de caña que, como bocados, les va metiendo el “experto”. El chorro de miel sale por debajo de la máquina y va a parar a canoas especiales para iniciar el proceso de cocimiento.

Estamos más allá de las rondas de El Espino, comunidad de Cinco Pinos. Estamos en plena zafra, viendo trabajar el trapiche que fundó en 1902 don Filiberto Zelaya y que heredara a sus hijos. Con el paso del tiempo ahora es propiedad de su nieto, don Francisco Zelaya Mejía.

“Durante sus 104 años de vida esta máquina de madera ha tenido tiempos de esplendor y decaimientos, hubo un lapso en que los huracanes arrasaron los cañaverales, pero eso nos llevó a trabajar más duro. Sembré nuevas eras, trabajé mucho ‘tareyando’ y moliendo y moliendo”, dice don Chico con humilde orgullo.

— ¿Cuáles son las partes de un trapiche?, preguntamos.

Un trapiche que se respete tiene, como los cañones, sus “cureñas”, además posee “cadenas” que van deteniendo las “masas”, el “crucero” que es el larguero al que dan vuelta los bueyes, además posee su “telera”, la “cuña”, la “clavija” y su “almijarra”.

Aquí trabajamos en dos equipos. Cada equipo trabaja quince días y cuenta con sus mozos y sus cuatro bueyes, con dos yuntas se hacen tres cocimientos y con las otras dos se completan los seis, en total cada equipo produce treinta latas de guarapo, para un total de sesenta.

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