Mayling Dávila Urbina
Hace unos seis meses inicié mis gestiones ante el señor Antonio Alvarado, Ministro de Salud, para ver si la institución bajo su cargo podía ayudarme para el tratamiento de una dermatitis que vengo padeciendo desde hace más de tres años. Ante mi enfermedad, recurrí al hospital Dermatológico y otros centros de salud, en los cuales gasté miles de dólares, pero nadie pudo descubrir la etiología ni mucho menos diagnosticar mi malestar.
Mi solicitud original era, que como ese ministerio tiene relaciones con homólogos centroamericanos, que su institución estableciera contacto con ellos para viajar al extranjero en busca de salud.
La respuesta que obtuve originalmente fue que atenderían mi caso a través de brigadas médicas de especialistas extranjeros y que para eso me llamarían oportunamente, lo que nunca ocurrió a pesar de que han venido frecuentemente tales brigadas en toda especialidad.
El ministro Alvarado delegó mi caso en dos ocasiones, primeramente al doctor Enrique Alvarado, secretario de Salud, y meses después a la doctora Ana Patricia Franchini, subcoordinadora de Brigadas Médicas, quienes no han hecho absolutamente nada al respecto, excepto hacerme falsas promesas. La doctora Franchini me solicitó una epicrisis, la que se la envié hace mucho tiempo, sin haber obtenido respuesta de su parte hasta ahora.
Mi solicitud ha sido de carácter profesional médico, no implicando ningún costo para el Ministerio. Es completamente insólito y deplorable que el Ministerio de Salud ni siquiera tenga la más elemental cortesía, atención, seriedad ni responsabilidad para atender a una ciudadana que simplemente reclama sus derechos constitucionales.
He sido víctima de un burdo engaño con tácticas dilatorias de ese Ministerio, del que muchos conciudadanos sufren, viven y seguirán quejándose inútilmente.
¡Que Dios proteja a Nicaragua!