Patrick Snell
Felicito a la constructora Hispánica por la “obra” que está “construyendo” en la Carretera a Masaya. Desde el principio, sin ser ingeniero civil pero con un poco de sentido común y lógica, pude notar que el trabajo elaborado por dicha empresa andaba mal. Iniciaron en un sector, luego lo dejaron para iniciar en otro (entonces el primer sector se dañó), etc. Después de once meses de haber iniciado los trabajos, no han pavimentado ni un kilómetro de carretera. Lo único que hay son varios tramos con diferentes niveles de avance, llenos de polvo y huecos que dañan los vehículos que tienen que transitar por esta ex carretera, además que los habitantes deben de soportar dicho polvo.
Qué lástima que el Gobierno de Nicaragua no tenga opción (debido al financiamiento de la carretera por el Gobierno español). En España, desde hace varios meses el contrato habría sido suspendido debido a los muchos incumplimientos notados y la empresa habría tenido que responder por lo hecho. Aquí se comportan como si no hubiera leyes, y parece que no hay ningún organismo que pueda hacer que se resuelva la situación de una manera positiva para los usuarios, a pesar de los esfuerzos del Gobierno. Hay una cosa interesante o sorprendente en todo eso: ¿cómo puede el Gobierno de España apoyar a Hispánica después de tantas fallas e incapacidad demostrada para llevar a cabo este proyecto? Lo mejor está por llegar: una vez que esté concluida la carretera, ¿cuál será la calidad de la obra? ¿cuántos años o meses estará en buenas condiciones? Los ingenieros de Hispánica tendrán probablemente su idea al respecto. Esta obra seguramente llenará de orgullo a los directivos de la constructora. En la vida, ¿sólo el trabajo bien hecho paga? Pues, al parecer, no siempre.